En todo amar y servir

Una familia CCA gracias a Fobeca

José Mariano junto a su madre Marian

Marian Maradiaga es, probablemente, una de las madres de familia de Fobeca que más involucrada ha estado en todas las áreas de la formación integral que recibió su hijo José Mariano durante sus estudios en la secundaria del Colegio Centro América. En esta entrevista, ella comparte con agradecimiento y orgullo su vivencia.  

Los costos del CCA valen cada centavo

Para nosotros fue una bendición porque recuerdo que José Mariano había ido al CCA durante un año que hubo unas competencias a nivel de colegios y él me dijo:
–Mamá, ese colegio me gusta, es bonito, es grande–.
Entonces nosotros nos dimos cuenta de la convocatoria a las becas Fobeca, investigamos por internet y le dijimos:
–Bueno, si querés aplicar hacelo porque es la  única forma de que podás entrar–.
Todos conocemos los costos del colegio, que vale cada centavo, quiero aclarar, pero no estaba en nuestras posibilidades pagar esa mensualidad.

Fue una bendición también porque él [José Mariano] se esforzó. No sólo fue el empuje que nosotros como padres tuvimos en apoyarlo y que aplicara, sino que él se esforzó. Para nosotros los becados, y para muchas personas, el Colegio Centro América es uno de los mejores colegios de este país, porque de una forma integral va educando a nuestros hijos. Lo mejor para mí es que los hace pensantes. Son muchachos que pueden dar mucho, les enseñan a desarrollar y conocer las capacidades que ni ellos sabían que tenían.

Magis es una palabra latina típica de la espiritualidad Ignaciana que significa «más». Es decir, dar el máximo en todas las acciones que realizamos. En 2019 José Mariano fue seleccionado para ir al Campamento Magis en Panamá, junto a un grupo de estudiantes destacados en temas como liderazgo, creatividad, espiritualidad, pasión, etc. 

Al bachillerarse en 2020 recibió la medalla al mérito por haber obtenido excelencia académica durante los cinco años de secundaria en el CCA.

 

“Nosotros hoy, con mucho orgullo, podemos decir que nuestro hijo fue uno de los mejores bachilleres y está completamente listo para cualquier universidad”.

Mensaje a los donantes

Una familia CCA gracias a Fobeca

Su segundo hijo, Andrés, también estudia la secundaria en el CCA, cursa 8vo grado. Aunque aplicó, no logró clasificar para las becas de Fobeca. Sin embargo, consiguieron fondos privados por fuera que posibilitan sus estudios. La experiencia del hermano mayor, cabe resaltar, fue su principal elemento motivador.

Su tercer hijo, Enmanuel, sí logró ingresar a 7mo grado al igual que José Mariano, por medio de Fobeca. Su examen de admisión ha sido de los mejores resultados obtenidos.

“Hemos tenido la dicha de tener hijos bien aplicados que les gusta el estudio, mantener buenos promedios. Esto no necesariamente es algo que los niños lo traen. Tiene mucho que ver el acompañamiento que nosotros como padres les damos. Incentivarlos a que descubran en lo que son buenos”.

Enmanuel estaba un poco temeroso de que le sucediera lo mismo que a su hermano Andrés, pero le dije:
No te podes adelantar a los hechos, tenes que intentarlo y lo vas a lograr–. Gracias a Dios quedó y se nos otorgó media beca por parte de Fobeca. Para nosotros es una gran ayuda, él está feliz con el colegio. –Y es que el colegio es bellísimo–, dice con emoción. Cuenta que el mismo Enmanuel puso en un post: –Si pude con la admisión al CCA, puedo con todo–, ríe.

Para nosotros, los que no podemos pagar la totalidad de la colegiatura, no se trata sólo de la infraestructura y la reputación del CCA.  Hay tantas referencias, y cuando ya estás adentro te das cuenta de que lo que comentan fuera se queda corto a lo que en realidad preparan a los muchachos. José Mariano era súper tímido y ahora da gusto verlo como se desenvuelve.

Enseñar con el ejemplo

A mí en lo particular –dice Marian–  me encanta participar en todo. Me encanta apoyar porque el apoyo no es sólo monetario, es de tiempo, de ideas. En mi primera experiencia con José Mariano participé en juntas directivas e hicimos muchas cosas. Considero que aunque nuestros hijos sean aplicados nosotros estamos ahí detrás porque creo que con el ejemplo es que uno logra enseñarle más a los hijos. Yo siempre les he dicho a los tres: –¿cuántos niños quisieran tener una beca como la que ustedes tienen?, y no pudieron; entonces las oportunidades hay que aprovecharlas–.

“Estamos muy agradecidos con Fobeca por habernos dado la oportunidad de que los muchachos fueran parte de ella”.

Un padrino extraordinario

¡Uy! Estamos súper agradecidos, ¡el mejor padrino del mundo! Samuel Zepeda tiene un corazón gigante. Él platicaba bastante con José Mariano, intercambiaban mensajes, llamadas. Él lo apoyó bastante, le regaló su computadora, le patrocinó cursos de alemán en la UCA. Le dio la oportunidad a mi hijo de tenerlo como pasante en su empresa Zegesa durante un mes y lo puso a hacer de todo. Aprendió sobre ventas, a hacer cotizaciones, tantas cosas que desconocía. Samuel es un hombre tan profesional y tiene un corazón de oro. Le contaba a José Mariano su historia, cómo inició su negocio. Es un visionario y un gran trabajador. Él es un buen ejemplo de padrino.

 

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Ser madrina es una invitación a servir

Sirama Juárez, comunicadora social de profesión, funge como Gerente de Circulación y Ventas del diario La Prensa. Emprendedora, es cofundadora de la empresa de Investigación de Mercados ‘SISA’. Esta ex alumna del Colegio Centro América, es madre y esposa además de una profesional exitosa. Pese a sus múltiples roles, no dudó en hacer tiempo para aceptar ser madrina de una becaria de Fobeca allá por el año 2015. En esta entrevista ella nos cuenta su experiencia como madrina de Mélida Zelaya.

¿Cómo ha sido tu experiencia como madrina de Fobeca?

Quiero comenzar agradeciendo tu aceptación a mi propuesta de darle a los becarios de Fobeca una charla sobre Inteligencia Emocional. Siempre he considerado que en los colegios de Nicaragua debería haber una clase que aborde estos temas que son tan importantes. Te quiero contar que al finalizar dicha charla una de las chicas se me acercó y me dijo: “gracias”.

Luego, recuerdo que nos tomaste una foto grupal y justo esa chica se ubicó al lado mío. Después vos me propusiste ser madrina de Fobeca y, para mi sorpresa al decirte que sí, mi ahijada resultó ser Mélida, la misma niña que se me había acercado para agradecerme. Desde entonces se produjo un profundo clic entre ella y yo. Creo que justo en ese momento empezó mi madrinazgo. Este rol me lo tomé bien a pecho. Conocí a su familia y todos ellos se hicieron parte de la mía. Ellos también me adoptaron. Yo me siento parte de la familia de Mélida así que no sólo gané una ahijada maravillosa, sino que gané el cariño de toda una familia.

Entonces, ser madrina de Fobeca implica donar parte de tu tiempo, de tu cariño, de tus ganas de servir. Pero, en recompensa uno recibe mucho más a cambio. No puedo explicarte el enorme agradecimiento que tengo por haberme propuesto ser madrina de Fobeca. Por eso este año no dudé en aceptar nuevamente el reto de un nuevo madrinazgo.

 

 

¿Mantenés aún comunicación con Mélida?

¡Sí, claro que sí! Ella ahora estudia medicina, cursa ya su segundo año en el Hospital Escuela Militar. Como en mi familia no hay médicos es una gran emoción saber que ella, mi ahijada, será mi primer pariente doctora.

El año pasado lamentablemente falleció doña Maritza -la mamá de Mélida- producto de cáncer de colon. Esta pérdida ha sido un duro golpe para todos. Sin embargo, este padecimiento de su madre fue lo que la motivó a estudiar medicina y justamente quiere especializarse en oncología.

Los 15 años de Mélida

Para los 15 años de mi querida ahijada, que celebramos el 30 de septiembre del 2017, yo solicité ayuda a mis amistades, compañeros de trabajo, etc. Todos ellos se sumaron a ser por así decirlo: “madrina del pastel”, “madrina del vestido”, “padrino de la música y el sonido”, “madrina de la decoración y de la mesa de dulces”, de esta manera fui involucrando a mi círculo en ese gesto de amor.

Estando en El Nuevo Diario conseguí que en la imprenta me regalaran la tarjeta de invitación que quedó preciosa. Es decir, impliqué a todo mi entorno y todos se sumaron a hacerle a Mélida una linda celebración.   

Ser madrina es un orgullo

Cuando Fobeca te comparte las notas académicas de tu ahijada (en mi caso), te da un gran orgullo ver sus logros. Cuando yo recibía sus calificaciones yo sentía que eran las de mi hija mayor, y ella siempre iba tan bien que me llenaba de emoción.

Yo tengo como filosofía de vida el servir. El “en todo amar y servir” que tanto nos inculcaron en el CCA. Cuando decidí ser madrina, esto fue un compromiso integral. Estas amadrinando a una familia entera, no sólo al becario. Ese intercambio de amistad, de amor, de compromiso, es recíproco. Uno cree que uno es quien va a dar amor, tiempo… pero uno termina recibiendo mucho más.

Yo nunca he sido donante monetaria de Fobeca, fui clara en ese sentido, que entonces no tenía los medios o las posibilidades, pero ser madrina o padrino es una gran forma de servir y contribuir. Recuerdo que cuando me invitaste a ser madrina, lo único que me solicitaste fue mi tiempo, y eso fue lo que di. 

«El tiempo vale muchísimo y uno debe estar dispuesto a darle tiempo a su ahijado. A servir con ese tiempo»

                                             

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«Después de la lluvia siempre hay un arcoíris»

 

Xochilt es una joven llena de dulzura, de fe y de optimismo. En el año 2015 ingresó al Colegio Centro América como becaria de Fobeca. Entonces tenía 12 años pero, pese a su corta edad, ya había tenido que hacer frente a la muerte accidental de su padre al precipitarse el helicóptero militar en las turbias aguas del lago Xolotlán.

En medio de su duelo, su mamá se enteró de las becas Fobeca y vio una oportunidad para sacar adelante a su hija.

—Los exámenes de admisión me sumaron estrés, —cuenta Xochilt. 
—Yo estaba muy nerviosa pero eran mas fuertes mis ganas de obtener esta beca porque sabía que cambiaría el rumbo de mi vida. Me esforcé mucho en prepararme.

La emoción fue inmensurable cuando se enteró que había obtenido la beca. —Fue el momento justo para dar gracias a Dios, —dice con ternura. 

¿Cómo fue el día en que tu papá falleció? ¿Cómo lo recordás?

Mi papá falleció el 20 de junio del 2013. Para mí fue muy duro. Tenía 9 años y él era mi todo, yo lo adoraba y lo continúo amando. Mi mamá estaba desesperada porque no tenía trabajo y vivíamos del ingreso que él llevaba a la casa. Yo estaba aturdida, no sabía qué hacer… En medio de toda esta tormenta mi mamá se enteró de Fobeca, y vio la oportunidad de brindarme una educación de calidad aún cuando nos habíamos quedado sin ingresos, sin posibilidad alguna de costear un colegio del nivel del CCA.

Como siempre hemos sido muy católicas mi mamá y yo, aceptamos la voluntad de Dios pues sabíamos que él no nos iba abandonar en esos momentos difíciles. Empezamos de nuevo. Vivimos un proceso de adaptación y de aceptación Cambiamos de casa, de estilo de vida. En un segundo todo se derrumbó. Sin embargo, a raíz de la muerte de mi papá nos unimos más como familia. A pesar de su deceso Dios siguió trayéndonos muchas bendiciones.

«Nos dimos cuenta que uno siempre se puede volver a levantar con la ayuda de Dios»

Yo siempre había sido buena alumna. Para mi papá mis estudios eran importantes y se llenaba de orgullo con mi desempeño académico. Por eso ahora pongo mi mayor esfuerzo en todo lo que hago, recordado cada una de sus palabras de aliento.

¿Cómo fue el día que hiciste los exámenes de admisión al CCA?

Ese día estaba llena de emociones y de nervios. Cuando vi el colegio no me imaginaba con el uniforme puesto, con amigas nuevas. Al ver los grandes salones pensé que había muchos alumnos y estaba impresionada por la belleza que miraba alrededor. Recordé cuanto escuchaba decir del CCA, que era uno de los mejores colegios, que muchos de sus bachilleres habían llegado muy lejos y supe que sería la mejor oportunidad para mí bachillerarme aquí.

El examen que más me costó fue matemáticas (ríe apenada). Fue duro ver salir llorando a varios de los que llegaron conmigo hacer los exámenes.

¿Cómo fue tu primer año en el CCA?

Me costó mucho. En mi colegio anterior no recibía una enseñanza tan rigurosa, la exigencia era menor. Me costaron todas las clases. Pero la adaptación me costó mucho menos. Tuve buenos compañeros, no sentí el rechazo de nadie. Al inicio no obtuve las mejores notas y me frustré porque antes siempre había estado en el cuadro de honor.

En todo amar y servir

En el colegio aprendemos muy buenos valores de amor y servicio a los demás. A devolver un poco de lo que hemos recibido.

«Es importante reconocer que hay personas que necesitan más que nosotros y es nuestro deber ayudarlos en lo que podamos, así como otros nos ayudan a nosotros»

¿Qué les dirías a los jóvenes que hoy están compitiendo para obtener una beca como la tuya?

Primero los quiero felicitar por su valentía. Les diría que tengan fe en Dios. Yo sé que es duro al inicio estar presionado o nervioso sin saber si van a lograr entrar. El consejo que les puedo dar, porque lo he vivido, es que nunca se rindan. Que se esfuercen. Den lo mejor de ustedes. Cuando estén frente al examen no digan “no puedo”. Sé que cada persona tiene una capacidad diferente, pero al mismo tiempo todos somos iguales. Puede que muchos no clasifiquen y se sientan mal por eso, pero lo importante es sentirnos satisfechos de nuestro esfuerzo.

Para los que logren entrar los felicito mucho. Quiero que sepan que si al inicio les cuesta no serán los únicos. A muchos nos ha costado pero hemos logrado adaptarnos y crecer.

¿Qué sentís cuando conoces a otros exalumnos, cómo te ves en el futuro?

Me siento orgullosa de haber estudiado en un colegio tan prestigioso y de ver a tantas personas exitosas allí afuera quienes han pasado por los mismos pasillos del CCA, por los que pasé yo. En el futuro quiero ser como todos aquellos que lograron triunfar en la vida y poder decir orgullosamente que vengo del CCA.

La mejor lección del dolor

El dolor cambió sobre todo mi forma de pensar. Saber que todo lo bueno tiene que terminar algún día. Creo que fue una prueba, la más dura por cómo murió mi papá, pero ese momento vino a fortalecer la unidad en la familia y personalmente me hizo crecer espiritualmente. Antes yo vivía en una burbuja color de rosa, pensaba que todo era eterno. Hoy sé que la vida tiene sus ciclos. Hay que aprender a vivir con ellos y dejar de temerle a la muerte.

 


Xochilt Jirón se bachilleró del CCA en 2019
Actualmente estudia diseño gráfico en la UPOLI

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