Elaine Miranda      

 

En todo amar y servir

''El CCA, literalmente, me preparó para enfrentar cualquier programa, a cualquier nivel, en cualquier país del mundo. Ahora agradezco el nivel de exigencia que significó porque después de eso, cualquier cosa era fácil''. Elaine es exalumna del CCA de la promoción de 2002, además es fundadora del blog ''Plata con Plática". 
Háblanos un poco de lo que haces actualmente.

Soy la fundadora del 1er Blog de Finanzas Personales en Nicaragua: Plata con Plática. Comencé con esta plataforma hace 5 años, en marzo del 2012, mientras estudiaba un MBA en Taiwán, porque me di cuenta del mal uso que le damos al dinero la mayoría de nicaragüenses.

Esta plataforma me ha permitido llegar a cientos de empresas y miles de personas y darles charlas y talleres de finanzas personales. Además, a través del blog, 2 segmentos semanales que tengo en la TV (Primera Hora y Evas Urbanas), así como una columna semanal en Diario Metro doy consejos financieros a miles de personas.

¿Qué crees que es lo más importante que dejó el CCA en tu vida, tus valores, tu formación académica?

Creo que el CCA ha sido de los puntos más importantes en mi vida. ¡Me dejó tanto que es difícil poder escoger una u otra cosa! La formación académica fue, sin lugar a dudas, fundamental y para mí, la mejor manera de demostrarlo es que estudié en México, Taiwán e India después del CCA y nunca me sentí rezagada, atrasada o que algo fuera más difícil o pesado de lo que ya habia estudiado en el CCA.

El CCA, literalmente, me preparó para enfrentar cualquier programa, a cualquier nivel, en cualquier país del mundo. Ahora agradezco el nivel de exigencia que significó porque después de eso, cualquier cosa era fácil.

En temas de valores, la honestidad, la ética, el “en todo amar y servir” es parte esencial de lo que hago en mi día a día. Y por si fuera poco, el solo decir que saliste del CCA te abre puertas en el país, sin importar por donde vayás.

¿Cuándo inició tu pasión por las finanzas?

Por las finanzas como tal desde muy temprano. De hecho, lo que elegí como carrera fue precisamente finanzas y toda mi experiencia profesional hasta el 2011 había sido en finanzas corporativas.

Ahora, mi pasión por las finanzas personales empezaron por ahí del 2011, justamente en mi último trabajo, cuando me percaté de lo mal que, en general, mis compañeros de trabajo y amigos manejaban sus salarios.

"En temas de valores, la honestidad, la ética, el “en todo amar y servir” es parte esencial de lo que hago en mi día a día. Y por si fuera poco, el solo decir que saliste del CCA te abre puertas en el país, sin importar por donde vayás."

¿Cuál ha sido tu principal reto en tu vida profesional?

En Plata con Plática, lo más duro fue abrir mercado. Ser el primero en algo es un arma de doble filo: por un lado no tenés competencia (o eso dice la gente), pero por otro lado, precisamente porque es algo nuevo, tenés que comenzar por explicarle a las personas por qué lo que hacés es importante y por tanto, por qué deben contratarte.

En mi caso, lo más duro fue eso: que las personas y empresas entendieran que el buen manejo del dinero es importante para todos y que nadie nos enseña a hacerlo.

¿Cómo ha influido tu condición de mujer en la inserción y la igualdad en el mundo laboral?

Sé que hay muchas mujeres que sienten que sí es un problema y estoy clara que lo es; sin embargo, en mi caso particular, nunca he sentido que me traten diferente (o de menos, o me paguen mal) por ser mujer. Siempre me he sentido igual a los hombres.

¿Cómo crees que influye la formación del CCA en los jóvenes beneficiados por FOBECA?  

Creo que FOBECA se convierte en un verdadero parteaguas en la vida de un chavalo beneficiado. Estoy convencida que la educación que reciben en el CCA los potencia de una manera extraordinaria y les abre las puertas a oportunidades por el resto de su vida, que no tendrían de otra manera.

¿Algún mensaje que tengas para nuevos emprendedores?

Emprender no es fácil, pero vale la pena. Pensar y analizar tu idea de negocio es bueno, pero lo más importante es lanzarte: si no, todo queda en ideas. Hay que empezar lo más pequeño, frugal y minimalista posible porque así, si cometés errores (y te va a pasar, a todos nos pasa!) van a ser menores y se puede enmendar en el camino. Que el dinero no te detenga, he visto muchas buenas ideas y posibles emprendedores no hacer nada porque creen que no hay de dónde sacar plata para lanzarse, pero el que de verdad quiere y estás convencido, encuentra la manera.

Xochilt Xaviera Jirón  

Después de la lluvia siempre hay un arcoíris

Llena de dulzura, fe y optimismo, Xochilt es una de nuestras becarias. Entró en enero del año pasado al CCA y hoy está por finalizar su segundo año de secundaria. A su corta edad – trece años - ha tenido que hacer frente al terrible dolor por la muerte de su papá en el noticiado accidente del helicóptero que se precipitó en las aguas del Xolotlán. Las lágrimas derramadas en el regazo de su mamá, no apagaron su sonrisa, no debilitaron sus esfuerzos, no menguaron sus sueños.

Antes yo vivía en una burbuja color de rosa, pensaba que todo era eterno. Hoy sé que la vida tiene sus ciclos. Hay que aprender a vivir con ellos y dejar de temerle a la muerte. 

 ¿Cómo recuerdas aquel día?

Mi papá falleció el 20 de junio del 2013. Para mí fue muy duro. Entonces yo tenía 9 años y él era mi todo, yo lo adoraba y lo continúo amando. Mi mamá estaba desesperada porque no tenía trabajo y vivíamos del ingreso que él llevaba a la casa. Yo estaba aturdida, no sabía qué hacer. En un segundo todo se nos derrumbó... En medio de toda esta tormenta mi mamá se enteró de Fobeca y vio la oportunidad de brindarme una educación de calidad aun cuando nos habíamos quedado sin recursos, sin posibilidad alguna de costear un colegio del nivel del CCA.

Como siempre hemos sido muy católicas, mi mamá y yo aceptamos la voluntad de Dios pues sabíamos que él no nos iba abandonar en esos momentos difíciles. Empezamos de nuevo, vivimos un proceso de adaptación y de aceptación. Cambiamos de casa, de estilo de vida.

A raíz de la muerte de mi papá nos unimos más como familia. A pesar de su deceso Dios siguió trayéndonos muchas bendiciones. Nos dimos cuenta que siempre se puede uno volver a levantar con la ayuda de Dios.

Los exámenes de admisión sumaron estrés a su duelo

 

Esos días estaba llena de emociones y de nervios. Cuando vi el colegio no me imaginaba con el uniforme puesto, con amigas nuevas. Al ver los grandes salones pensé que había muchos alumnos y estaba impresionada por la belleza que miraba alrededor. Recordé cuanto escuchaba decir del CCA: que era uno de los mejores colegios, que muchos de sus bachilleres habían llegado muy lejos… supe que sería la mejor oportunidad para mí bachillerarme de aquí.

El examen que más me costó fue matemáticas (ríe apenada). Fue duro ver salir llorando a varios de los que llegaron conmigo hacer los exámenes.

La noticia de haber obtenido la beca le llegó en forma de bendición. Fue el momento justo para dar gracias a Dios – concluye.

La adaptación del primer año

Al inicio no obtuve las mejores notas y me frustré porque siempre había estado en el cuadro de honor. La verdad me costó mucho. En mi colegio anterior no recibía una enseñanza tan rigurosa, la exigencia era menor. El año pasado me costaron todas las clases.

Adaptarme me costó mucho menos. Tengo buenos compañeros, no he sentido el rechazo de nadie. Este año ya me siento mucho más cómoda en lo académico y en lo social. Me gustan las actividades que hay aquí porque no solo tenemos las clases sino que podemos interactuar con los otros y recrearnos. Siento que todas las actividades ayudan mucho, pues tras la carga académica tenemos una vía de escape y entretenimiento.

"Es importante reconocer que hay personas que necesitan más que uno y es nuestro deber ayudarlas en lo que podamos, así como otros nos ayudan a nosotros. Agradezco mucho a mis padrinos de la promoción CCA ’70  porque gracias a ellos puedo estar aquí"
¿Qué les dirías a todos los niños que hoy están compitiendo para obtener una beca como la tuya?
Primero los quiero felicitar por su valentía. Les diría que tengan fe en Dios. Yo sé que es duro al inicio estar presionado o nervioso sin saber si van a lograr entrar. El consejo que les puedo dar, porque lo he vivido, es que nunca se rindan. Que se esfuercen. Den lo mejor de ustedes. Cuando estén frente al examen no digan “no puedo”. Sé que cada persona tiene una capacidad diferente, pero al mismo tiempo todos somos iguales. Puede que muchos no clasifiquen y se sientan mal por eso, pero no significa que no puedan. Lo importante es sentirnos satisfechos de nuestro esfuerzo, tal vez esa no fue la voluntad de Dios. Un examen no mide su capacidad, lo miden a través de los años por medio de todo lo que aprenden.

Para los que logren entrar los felicito mucho. Quiero que sepan que si al inicio les cuesta no son los únicos. A muchos nos ha costado pero hemos logrado adaptarnos y crecer.

¿Cómo te ves en el futuro?

Me siento orgullosa de estar en un colegio tan prestigioso y de ver que tantas personas exitosas que hay ahí afuera han recorrido los mismos pasillos que yo recorro a diario. En el futuro quiero ser como todos aquellos que lograron triunfar en la vida y poder decir orgullosamente que vengo del CCA.

Soy amante de la creatividad y las artes. Desde pequeña me ha gustado dibujar, colorear. Probablemente por ello quiero estudiar diseño gráfico y diseño de modas. Mis dos abuelas eran modistas, creo que esta pasión la heredé de ellas. Me encantaba verlas coser.

Me gustaría poder estudiar en el extranjero para ampliar mis horizontes. Ver lo que se hace y cómo lo hacen en otros países.

¿Cuál es la mayor lección del dolor?

El dolor cambió mi forma de pensar. Saber que todo lo bueno tiene que terminar algún día. Creo que fue una prueba, la más dura por cómo murió [el papá], pero ese momento vino a fortalecer la unidad en la familia y a mí me hizo cambiar espiritualmente.

Hoy soy más fuerte que antes. Tengo otro punto de vista de la vida. En el colegio también he enfrentado pequeñas pruebas. Ahora las sé manejar mejor. He aprendido a expresarme libremente y vencer mi timidez. Era bastante más reservada hace dos años. Hoy me siento más independiente. Ahora me propongo metas más grandes cada vez.

Para mi papá mis estudios eran importantes y se llenaba de orgullo con mi desempeño académico. Por eso ahora pongo mi mejor esfuerzo en todo lo que hago, recordado cada una de sus palabras de aliento.

 
Xochilt, la menor de tres hijos, vive sola con su madre quien finalmente encontró trabajo y hasta está cursando una maestría en la UNAN-Managua. Son dos mujeres que se respaldan la una en la otra y encuentran fortaleza en la fe. Ambas están mejor que antes, que hace dos años cuando las conocí. Xochilt aún no puede pisar su casa anterior, donde nació y creció hasta la muerte de su padre.

Dra. Claudia A. Martínez - CCA Prom' 95  

Amar y servir con y para el corazón

Claudia Agustina Martínez pone su corazón en cada cosa que hace. Desde niña en los pasillos del Colegio Centroamérica, pasando por los días en los que le tocó, desde muy joven, estudiar una de las carreras más exigentes como es la medicina, y a diario cuando se enfrenta a sus pacientes, sus estudiantes, su esposo y su hijo.  Y quién mejor para hacer eso que una especialista en el corazón. 
 
Claudia has superado muchas fronteras, de naciones, de idiomas y de culturas, y ha llegado donde muy pocos nicaragüenses y egresados de este colegio lo han hecho. Como Médico con especialidad en Cardiología Clínica e Invasiva, practica una vocación en la que a diario tiene en sus manos, literalmente, el corazón y la vida de otras personas, y lo hace con compromiso y dedicación ignaciana en los hospitales más exigentes del mundo. 
 
La educación ignaciana es una tradición en su familia. Su abuelo, de quien retoma la profesión de médico, su  padre y sus hermanos todos son bachilleres del CCA. Claudia entró al Colegio Centro América a 3er grado en 1987, cuando el colegio apenas tenía 5 años de haberle abierto las puertas de sus aulas a las mujeres. Pero ella, aplicada desde pequeña, poco a poco fue absorbiendo la educación intelectual y la formación en valores que la han llevado a ser quien es hoy: “estoy muy consciente de que soy como soy y he luchado por llegar a donde estoy gracias a esa formación que los Jesuitas nos dieron, en donde se combina la pasión, la perfección, junto con la humildad y compresión para poder "discernir" las experiencias de esta vida... todas cualidades indispensables para ser un individuo exitoso y humano. Lo más importante es agradecer al CCA por la educación y guía académica y espiritual”.
 ¿Cómo valoras tu experiencia en el colegio?

Mi experiencia fue muy buena, tengo muchos recuerdos lindos, la educación fue sólida y humanitaria. Yo era muy esforzada y muy buena alumna, pero también participaba mucho en la pastoral social, sobre todo yendo a los orfelinatos a acompañar  y ayudar a los niños y niñas huérfanos en el Divino Niño . Esto, sin duda, afianzó en mi el compromiso para con los demás. También recuerdo haber jugado bascketball cuando estaba en primaria, ya luego cuando crecí bailaba en coreografías de "Jazz".

¿Qué dejó el CCA en tu vida, tus valores, tu formación?
El CCA sigue presente en mi vida, gracias a la educación que recibí soy quien soy hoy, mi profesión de cierta manera es un reflejo del principio de "DAR" a los demás, una vida de servicio que es lo que inculcan los Jesuitas a quienes tanto quiero.
Hablanos del contexto en que te tocó estudiar

El contexto de los 80s y 90s fueron una experiencia única para todos aquellos que la vivimos... austeridad sin que nos faltara el pan y la educación. Fueron tiempos difíciles para nuestros padres, pero crecimos pensando que esa época de inestabilidad política era "normal”; por lo tanto crecimos felices in saber sino hasta después lo que habíamos vivido.

¿Recordás alguna anécdota o vagancia de ese tiempo?
Muchas... una de ellas fue cuando mi hermanito Juan Ignacio se escapó del colegio, se montó en una ruta y llego desde el CCA hasta la oficina de nuestro padre- él tenía alrededor de 4 años… me parece increíble.
¿Conservas aún amistades del colegio?
Si pero lamentablemente no muchas por la distancia, pero me gustaría re conectar con muchos más.
 
 ¿Cómo llegaste a ejercer en EE.UU., cómo fue tu posterior formación profesional?
Mucho estudio, mucho sacrificio de tiempo sin la familia. Me fui de mi casa a estudiar al extranjero con apenas 16 años. Empecé mi entrenamiento primero en México para Médico General, luego en Nueva York como Médico Internista, subsecuentemente en Miami Cardiología y finalmente Cardiología Invasiva de nuevo en Nueva York. Al terminar esa primera parte de mi entrenamiento, me regresé a Miami a ser parte de la facultad de la escuela de Medicina de la Universidad de Miami.
 
 La Medicina es una carrera sumamente demandante pero altamente gratificante por que nos permite ayudar a los demás. Aunque tengo casi 20 años de llegar a Nicaragua por visitas cortas, mi intención siempre ha sido poder trabajar abriendo puertas y oportunidades para la salud de los Nicaragüenses, con la esperanza de, a través de la proximidad, poder contribuir a mejorar la educación y el estado de salud cardiovascular de Centro América, empezando por Nicaragua.
¿Cómo es tu vida hoy? 
Es extremadamente ocupada,  me despierto y soy mamá por apenas una hora. Luego me esperan pacientes en clínica y en el hospital y me toca hacer varios procedimientos de intervención cardiovascular, en muchos casos a personas cuya vida está en un hilo. Durante todo ese tiempo tengo detrás de mi a residentes y fellows que entrenar durante el día, para luego regresar al final de la tarde para ser mamá y esposa por otro ratito. Luego de haberles dado de cenar y que todos están dormidos, empiezo a trabajar en los proyectos científicos que tengo el compromiso de elaborar y conducir como parte de la responsabilidad académica. 

Claudia A. Martinez, M.D. FSCAI
Associate Professor of Clinical Medicine.
Cardiology and Interventional Cardiology
U-Health System
MILLER SCHOOL OF MEDICINE

Ing. Enrique Bolaños Geyer 

Hay que servirle a Nicaragua

Mostrando con orgullo su regla de cálculo, el Ingeniero Enrique Bolaños Geyer, expresidente de la nación y exalumno del Colegio Centro América, se presenta ante el auditorio de alumnos CCA que observan el extraño dispositivo matemático y les dice: -ustedes saben qué es lo que tengo en mis manos?  Esta es la primera calculadora que yo tuve. No es electrónica ni necesita baterías, pero nunca deja de funcionar. Las experiencias mías son tan viejas como esta calculadora. Véanla. De ahí vengo. Ni parecida a las de hoy. Curioseen la mejor computadora que yo he tenido. Aprécienla con cariño y me la devuelven que de mano en mano se perdió una carreta en Masaya – bromea.

Con 88 años cumplidos, el Ing. Bolaños recuerda que entró al internado del Colegio Centro América en 1939 con once años de edad. Yo me bachilleré hace 70 años. No alcanza en la mente de ustedes la vida de ese momento. La luz llegaba a Masaya a las seis de la tarde y se apagaba a la medianoche. Ya salía uno del cine (mudo) directo para su casa.

-Pregunta retórica: ¿cuántos exalumnos CCA han sido presidentes?

El silencio invadió la sala mientras el expresidente recorría las caras de los alumnos sentados de un extremo al otro. -Sólo yo, responde finalmente. Del CCA, a pesar de tantos exalumnos y de recibir una educación privilegiada de altísima calidad, a nadie más se le ha ocurrido la locura de llegar o querer llegar a la presidencia. ¿Cuantos de ustedes van a buscarla? Sírvanle a Nicaragua. Hay mucho por hacer. Ustedes son estudiantes del colegio más prestigioso, prácticamente. Llamados a apoyar y hacer mucho por este país. Ese es el mensaje que les traigo más o menos.

-Influencia de la educación jesuita en su vida

Mucha. Fui educado tanto en el CCA como en la jesuita Saint Luis University (en Missouri).

Me reforzaron enormemente los principios cristianos que me inculcaron mis padres. En el internado nos levantábamos, tenías que ir a bañarte, vestirte y a las seis de la mañana en punto se iba a misa todos los días. Yo traspasé esos valores cristianos a mis hijos y ellos ahora a mis nietos.

Los jesuitas en el mundo entero tienen una gran influencia, sobre todo en educación. Manejan muy bien al alumnado y todo es basado en la moral, la decencia, en los primeros derechos humanos que nos enseñó Moisés.

El CCA destacó siempre por ser un colegio de élite de preparación académica. La base que adquirimos nosotros era sólida.

Cada uno tiene su fuerte

Yo nunca fui muy bueno en literatura (ríe). Entonces establecí una alianza con mi compañero Mario Cajina Vega, poeta q.e.p.d. Yo le enseñaba matemáticas y él me soplaba en literatura. Yo era más fuerte en ciencias que en letras.

El liderazgo es difícil de enseñar. Uno adquiere las bases, pero al final es más bien un asunto de actitudes. En el colegio teníamos deportes, equipos, olimpiadas. Ni mi tamaño (chaparro) ni mis cualidades físicas eran para ser campeón y sin embargo fui atleta del año una vez. ¿Cómo lo logré? He sido medio maquiavélico a veces porque hay que servirse y aprovechar las oportunidades. Me metí en todo lo que podía y calculé los puntos que necesitaba. Por andar de metiche en todas las actividades, aunque no era siempre el primero, pero al final en la suma obtuve el máximo puntaje.

 

Sobre la educación en Nicaragua

Responde categóricamente: la calidad es mala. En la educación, como en todo en la vida, es asunto de la base. Un edificio sobre arenas movedizas no tiene bases, no se sustenta bien.

La base que lleva el alumno nicaragüense promedio es generalmente muy deficiente. Hay lugares en el país, excepciones, donde los alumnos salen bien. En muchos colegios públicos, sin embargo, hay profesores que quizás sólo llegaron a tercero-cuarto grado. No tienen la base sólida ni la pedagogía para poder ser buenos maestros, entonces sacan mediocres.

Segundo, yo diría que hay una base que la hemos perdido enormemente y es la que se inculca primero desde la familia: el respeto, los buenos modales. Esas palabras mágicas como gracias, buenos días, con permiso, dispensa, por favor… son valores básicos que se han venido perdiendo. ¿Qué vale usarlas y estarlas enseñando? No hace falta más presupuesto para esto. No es un requisito sine qua non. Esta educación elemental debería ser inherente a nuestra cultura nacional.

¿Qué podemos hacer?

Bueno. Gastemos bastante en enseñar a los profesores, porque si el profesor no sabe lo que va a enseñar, no se verán resultados. Hay que entrenarlo bien en pedagogía, en conocer el campo que va a enseñar, que sepa interesar al estudiantado. Ya con eso podemos enviarle alumnos para que los entrene bien. Antes había varias escuelas Normales, para la formación de los docentes. Ahora los podemos enviar a la universidad a prepararse en docencia, en su materia, etc. para que se hagan buenos profesores. Hay que comenzar por ahí.

¿Cuál es el éxito de Harvard? Es el acervo de profesores que tiene. Son famosos. Esos profesores son los que le dan la vitalidad a esa universidad.

Reforzar las ciencia
Toda la vida moderna se basa en ciencias. Si no sabemos ciencias estamos perdidos. Yo creo que eso es lo que tiene a todos los países Latinoamericanos perdidos, atrasados. Tenemos que reforzar mucho las ciencias. Esas calculadoras modernas de hoy son pura ciencia.
EL RETO

Tomen cuatro números cuatro:   4   4   4   4

Háganle todas las operaciones matemáticas que ustedes sepan de manera que la combinación de los cuatro números les dé respuestas desde 0, 1, 2, 3, 4… en orden ascendente hasta ver a qué número llegan. Ejemplo:

4 + 4 = 8 – 4 – 4 = 0

4 + 4 = 8    /   4 + 4  = 8     8/8 = 1

4/4 = 1 + 4/4 = 1 = 2

Y así sucesivamente… Yo llegué hasta el 77 y nunca pude pasar de ahí.

El búlico

Cuenta don Enrique que en sus tiempos de colegio había un prefecto: le decíamos “el búlico”. El Padre Hilario Yurramendi llegó de España en la época de Franco cuando hombres y mujeres en España iban al mar y ahí se dividía la familia: hombres por un lado y mujeres por otro. Él llegó al colegio con esas ínfulas. Un día llega la mamá de los Argüello Cardenal a buscar a sus hijos al patio y el búlico con un pito desde el segundo piso le pegaba pitazos porque cómo iba a ser posible que estuviera una mujer ahí adentro, la fue a sacar inmediatamente a la pobre señora.

Nosotros usábamos calzonetas deportivas cortas para el fútbol, así era la moda de la época. Pero él quería que fueran debajo de la rodilla. Entonces nosotros nos pusimos en huelga. Jugábamos contra la Academia Militar, La Salle, el Bautista… pero ese fin de semana nosotros dijimos: no vamos.

 El búlico llegó bien enchapado a la antigua pero poco a poco fue aprendiendo que aquí las cosas son diferentes.

Francisco (Pancho) López

Es un honor haber sido profesor del CCA

Es la media mañana de un sábado reciente en la calle Corral. El sol a viva luz alumbra el frontispicio de una alta casa colonial, la 119. Parados frente a la verja grita uno de los nuestros en el más típico de los igualamientos: ¡Oe Panchooo, abrinos! -¡Ya voooy! Se oye desde el fondo, al tiempo que se dibuja lentamente entre las sombras del largo pasillo, la silueta alta, señorial, del maestro de tantas generaciones CCA.

Cual granadino estilizado, Pancho acompaña su andar ayudado por un bastón. Carga ahora bastantes libras menos y varios achaques más. Pero conserva aún su inevitable hipérbole y natural jocosidad.

-Ajá Polita, hija de Cicerón, ¿qué me queres preguntar? –me dice clavándome sus ojos verdes.

-Contame Panchito ¿cómo fue que llegaste a la docencia? 

El profesor se sumergió en un largo y anacrónico relato de sus cuarenta y siete años trabajando en educación. -Fue un giro del destino, dijo. En su camino hacia México para estudiar ingeniería, llega a Honduras donde el gobierno le había otorgado una beca para estudiar en la Escuela Superior del Profesorado Francisco Morazán (hoy Universidad). Por entonces estalla una confrontación militar entre Nicaragua y Honduras conocida como la Batalla de Mocorón (1957). Aconsejado por el Canciller de irse, Pancho regresa a la Gran Sultana. Entonces un profesor que conocía su talento para las matemáticas lo recomienda para impartir clases en el Colegio Salesiano de Granada. En ese momento, sin saberlo, inicia su carrera como docente de la que no daría vuelta atrás.

De cómo entra a dar clases en el CCA

El aliado más antiguo del mercadeo es el boca a boca. En poco tiempo fue creándose la fama de buen profesor de matemáticas y comenzó a dar tutorías privadas a alumnos del CCA. –Los primeros fueron Silvio Urbina (quien llegó a ser alcalde de Granada) y Eduardo Urbina. Ambos iban con la nota mínima y al cabo de un mes conmigo alcanzaron la máxima.

En esa época, el jesuita que les impartía matemáticas, P. José Vicente Aranguren,  era también el rector. Manda a llamar a Pancho y le propone que se encargue de las clases particulares del CCA. –En una de esas tardes impartiendo clases noto que el Padre pasa constantemente por el pasillo y me vigila. Yo me pongo nervioso creyendo que estaba haciendo algo malo. No podía estar más equivocado. El rector, al finalizar la clase lo cita en su despacho y le dice: -te vi hacer el problema de geometría y a mí me toca darlo mañana, te lo confieso Pancho, no lo sé hacer.

-No se preocupe Padre. Responde Pancho con el pecho inflado - yo le explico. No pasó mucho para que el rector le ofreciera impartir la clase de matemáticas de primero y quinto año de secundaria, -entonces yo los recibía y yo los bachilleraba.

El CCA de Granada

Pancho recuerda que el colegio de Granada tenía una serie de sacerdotes que estaban al servicio de los muchachos y eran su familia: jugaban juntos, estudiaban juntos, les daban clases, comían juntos, etc. -Había casos que cuando los chavalos internos tenían salida, éstos preferían quedarse. Eran más felices en el colegio.

 

Un colegio que no tiene parangón

-Un colegio de burgueses, dice categóricamente. Tenía aulas individuales de 30-35 alumnos, laboratorios de inglés, física, química, un zoológico, cine, sala de billar, lo último en tecnología entonces que era tener un radio, campos de futbol y béisbol enormes. Jugadores de la profesional eran los entrenadores por eso el colegio fue campeón nacional en béisbol.

Cuenta que los muchachos sobresalían tanto en calidad educativa como en deportes. Era una formación integral que requería de todo el día. Un chavalo, aunque fuera externo, tenía actividades desde las 6:00am con la misa hasta las 6:00pm. -El CCA de Granada fue un colegio que no tiene parangón en Nicaragua. Aquí no volverá a haber un colegio como ese. Los que salieron de allí se deben de sentir orgullosos de haber recibido una educación 360° con profesores de la talla del Padre Aldá, que le decían el calvo Aldá, fue bibliotecario del Vaticano. El Padre Ignacio Amézola, quien fue párroco de la ciudad de Asís en Italia. El Padre López que era médico, el P. Amando López (fuera de serie), el Padre Arias que era un genio de las matemáticas y una serie de maestríos como Carlos Chamorro Coronel, Fernando Cardenal, Eduardo Cuadra Barillas, el Padre Álvaro Argüello (que tenía olor a santidad), y varios otros.

Para Pancho el profesor seglar en el CCA de Granada era un transmisor de conocimientos, porque los que convivían verdaderamente con los alumnos eran los sacerdotes.  -A pesar de eso, si no eras bueno no durabas mucho.

Traslado del CCA a Managua

Cuenta que el lugar que hoy ocupa el Colegio Centro América era inhóspito, no había un árbol. Pero había gente de mucha calidad entre los profesores, como el profesor Noé González, -le decían “el monito”, en el día trabajaba de profesor y por la noche era fiscal de la construcción. A él le costó todo el colegio.

Cuando el colegio se traslada a Managua se convierte en externado. Yo llego al CCA de Managua llamado por el entonces rector P. Amando López, cariñosamente conocido como “la piocha”. Ahí me encuentro con un Colegio Centro América totalmente distinto pero, al igual que en Granada, perfectamente estructurado: un rector-director, un coordinador por cada curso, coordinadores por cada aula y un inspector encargado de la disciplina. Yo soy de los que afirmo que esa organización es inmejorable, si se escoge siempre a los profesores indicados.

Tanto el ingreso de los primeros alumnos becados como la entrada de las mujeres al colegio es un plan de los jesuitas. Ya para entonces no cabía un colegio externo sin la participación de la mujer. Estas entran a inicios de los 80s en toda la primaria y hasta primer año de secundaria.

-Tenían un cuido especial las muchachas. Había una persona ahí a quien no puedo dejar afuera. El hno. Ramón Meabe, una belleza, para cuidar varones, mujeres, nunca un desmán, su oficina era libre, entraba todo el mundo y un cuido especial para las mujeres. Ese debe ser el ejemplo a seguir de los profesores de ahora.

El rector constructor

Con las nuevas instalaciones en Managua terminando de coger forma, cuenta Pancho que el quinto curso recibía clases en un aula que le llamaban “el gallinero” porque era de madera y con alambre de gallina todo alrededor porque no cabían. Entonces el Padre Zubizarreta se encargó de construir lo que ahora es el anfiteatro (allí era el gallinero). Hizo la biblioteca, convirtió debajo del salón azul las aulas de computación. -Es tan valioso Zubi que a sus escasos ochenta años es el actual rector del Colegio Loyola.  

El CCA en los 80s

Un día se apareció un militar que quería que el profesor Rene Arce (alias “Pajarito”) y Pancho entregaran la cita a los chavalos (para el servicio militar). -Nos negamos rotundamente. Mire, no confundamos lo gordo con lo inflamado. Esto aquí es educativo. Si usted quiere entregar esas citas espérelos, búsquelos para dárselas usted mismo.

Fue muy doloroso para nosotros cuando cayeron nuestros muchachos. Me acuerdo de Yuri Aróstegui, Álvaro Aviléz, César Amador, y a uno famoso conocido como “vaquita”.

En medio de esos años agridulces, la Cruzada Nacional de Alfabetización: -fue la experiencia más grande como educador que yo he tenido.

 
Por qué el CCA es importante para Nicaragua 

-Primero por ser colegio. Cualquier institución educativa es importante para el país. Pero principalmente porque hay selección, y no por clase social, sino por capacidad. Muchas familias nicaragüenses han seguido la tradición de mandar a sus hijos a estudiar en el CCA. Además porque de esas aulas, en Granda como en Managua, han salido muchos de los profesionales más destacados del país en los últimos cien años.

Político o Maestro

Para la Cruzada Nacional de Alfabetización Pancho es nombrado alcalde de Granada. -A mí me agarra la revolución y me dice que les ayude. Eligen una junta de gobierno y me ponen a cargo de la alcaldía. Ni te cuento el trabajo que me costó, sin ganar ni un centavo.

Entonces el rector del colegio lo llama y lo increpa: -“¿vas a ser político o vas a ser maestro?”

-Yo soy maestro – responde y agrega: sufrí toda clase de presiones para mantenerme en la alcaldía: la promesa de regalarme una isleta, comprar una casa a bajo costo, etc. Sin embargo yo me fui al colegio. Es un  honor ser profesor del CCA.

Ing. Dionisio Marenco CCA Prom ’63

Yo soy lo que hice en el Centroamérica

El Ing. Marenco, cariñosamente conocido como Nicho, entró al Colegio Centro América en 3er grado y se bachilleró en 1963. Estudió en la modalidad de externo al ser originario de Granada. Cuenta que en aquellos años, había una diferencia entre los internos que vivían tiempo completo en las instalaciones del colegio y aquellos que, como él, iban a comer y dormir a sus casas. Sin embargo, y en sus propias palabras “había un espíritu de cuerpo muy grande en el colegio, muy unido. Yo no recuerdo haber pasado ni en la universidad ni en ningún centro de trabajo u organización a la que haya pertenecido, que se haya creado un grupo tan cohesionado. Al día de hoy, después de 53 años de habernos bachillerado, nos reunimos todos los meses para celebrar el cumpleaños de alguno de nuestros compañeros, siempre estamos pendientes el uno del otro”.

Este sentimiento de pertenencia y unidad es compartido por un gran número de exalumnos de diferentes generaciones y probablemente sea un factor diferenciador de nuestro colegio en relación a otros, ¿cómo cree usted que se han logrado incrustar estos valores en los bachilleres CCA?

Creo que en parte se debe a la formación jesuita  de muchísima disciplina, muchísimo rigor, orden, y eso obviamente te va creando un estado mental cuasi militar. Nosotros teníamos que estar formados en fila a determinada hora, marchando para tal lado a tus clases, los horarios de recreo eran muy estrictos, si hacías alguna alteración al orden te castigaban incluso físicamente.

Creo que la calidad de los profesores es muy importante. Nosotros tuvimos profesores con un nivel como para ser catedráticos universitarios, como el padre Caballero, el padre Zubizarreta, el padre Moreno, el padre Otazo, el padre Miguel. Gente que había tenido cursos superiores en España y eran profesores de secundaria, entonces la diferencia es enorme pues teníamos docentes graduados de universidades europeas.

Yo disfrutaba mucho la clase de Literatura del padre Caballero porque en realidad era una cátedra maravillosa. Pero también me gustaba la Física que daba Zubizarreta, la Química que daba el padre Moreno, en general las ciencias exactas, las matemáticas que daba Pancho López y al final me decidí por una carrera en ingeniería. El padre Caballero me reclamó y me dijo que por qué iba a estudiar eso si era el mejor alumno en Literatura pero esa fue la elección que tomé.

Toda la formación estaba orientada hacia la excelencia. Uno debía ser excelente en todo, en todas las materias y en todas las actividades en que uno se involucrara.

Fuera de lo académico, ¿qué otras actividades eran parte integral de la formación en sus años en el CCA?

La dinámica más fuerte era quizás el deporte. Había de todo: futbol, beisbol, basquetbol y en diferentes categorías. Había unos que eran casi de primera división como el equipo de futbol que competía con el Salesiano, el Pedagógico de Diriamba. También teníamos una liga que se llamaba “La quebranta huesos” esa era de los más charrulas, en esa jugaba yo (ríe) y era masajista del equipo de beisbol también. Para poderme meter a la liga centroamericana me disfrazaba de masajista y me iba con el equipo para El Salvador.

Todos los días había que practicar. Había entrenadores, por ejemplo Portobanco, que era el manager del equipo de Granada y era también el entrenador del equipo de beisbol del Centroamérica. Además como los curan eran españoles y en España el futbol es un deporte nacional, casi todos eran jugadores de primera clase, tenían entrenamientos muy buenos.

¿Cómo se establecían las distinciones académicas entre los estudiantes?

Cuando nosotros nos bachilleramos al mejor alumno se le llamaba Primer Bachiller. Pero antes de nuestra promoción, al primer puesto por se le llamaba Emperador Romano, al segundo Emperador Cartaginés. Al tercer puesto Cónsul Romano y al cuarto Cónsul Cartaginés. No sé de dónde inventaron eso, como si los romanos eran más importantes que los cartagineses. El mejor alumno de la promoción tenía el título de Príncipe Perpetuo, pero eso se eliminó el año de nuestra promoción.

¿Cuál fue el momento que recuerda con mayor alegría?

Creo que fue cuando me bachilleré porque fue un momento muy solemne. En aquella época bachillerarse era casi como estarse doctorando, ibas de esmoquin, subías con tu mamá a recibir el título, era una ceremonia súper solemne pues, y ser bachiller en aquel tiempo era una distinción bastante grande.

En general, ¿cómo recuerda sus días en el colegio?

El ambiente era de “mucha jodedera”, pues, como se dice popularmente. Pero no había eso que ahora llaman bullying. Nos dábamos las bromas normales entre compañeros. Yo no siento que haya habido un ambiente opresivo por el rigor de la disciplina en el colegio pero sí teníamos que respetar las normas y los horarios. En ese sentido los internos la sentían más que nosotros. Yo como externo podía ir al lago con mi familia los fines de semana, pero los internos, teniendo el lago en frente, no podían salir de los muros del colegio porque había cantinas más o menos cerca y era peligroso. Y sin embargo, siempre hubo sus cuantos bandidos que se escapaban.

¿Cómo influyó en el resto de su vida la educación que recibió en el CCA? 

 Yo soy lo que hice en el Centroamérica, después ya no aprendí nada (ríe). El Centroamérica para mí es mi formación, mi espíritu de cuerpo, lo que yo recuerdo de mis amigos. Ya en la UCA, aunque es jesuita también, me tocó estudiar en una época políticamente muy turbulenta, desde ahí participamos muy activamente en la Unión Opositora, el 22 de Enero, las carceleadas, las perseguidas, entonces no disfrutábamos el ambiente académico, estábamos más metidos en la lucha política. En cambio el colegio era como una jaula de oro que te permitía aislarte y concentrarte en tu propia formación.

¿Cuál era su apodo?

A mí me decían Tribilín porque era flaco y dundo.

“Después de un gustazo un reglazo”

Recuerdo que cuando cumplía años alguien, escondidos nos íbamos en recreo a la piscina y lo echábamos al agua con todo y ropa. Pero en esa echada al agua nos íbamos todos también. Entonces había un parlante muy grande en el frontón de la mediana desde donde nos llamaban: “remojados y remojadores a la prefectura”. ¡Ay mamita! Ya sabíamos que íbamos castigados. El castigo era que llegabas, extendías las manos y te pegaban un par de reglazos, luego a clases todo el mundo.

APODOS


Victor Gabuardi: El Culeco
Ricardo Cerda: “El dormido” porque tenía los ojos caídos.
José Angel Buitrago: “Chichimeca”
Eduardo Bermúdez: “Pernambuco”
Hay otros apodos más vulgares que no puedo decirte (carcajada) Los curas también tenían apodos:
P. Amando López: “la piocha” (tenía una gran narizota)
P. Moreno (profesor de Química): le decíamos “Hipoclorito”
P. Pedro Miguel (profesor de Francés): le decíamos “quatre-vingt-dix-neuf”
Hno. Montuenga (encargado del bar): lo apodamos “El Pirata Montuenga” (porque era medio renco)