Las 4 Cs de la educación jesuita

Decimos que el objetivo de la educación ignaciana es formar personas conscientes, competentes, compasivas y comprometidas. Cuatro cualidades que se complementan y que juntas constituyen lo que entendemos por una educación de calidad.

¿Qué entendemos por cada una de estas características? 

CONSCIENTES
COMPETENTES
COMPASIVOS
COMPROMETIDOS

CONSCIENTES

Personas que entienden la vida como un don y agradecen su dimensión de gratuidad. Personas que se reconocen como invitadas a ser co-creadores responsables de sí mismas y de su mundo; llamadas a cuidarlo y mejorarlo y a hacer el bien. (…) Que entienden que los demás no son objetos suyos, sino personas igualmente llamadas a realizarse en un “nos-otros” que los incluye.

COMPETENTES

En educación tratamos que al término de cada etapa la persona haya adquirido las competencias que son razonables y deseables para esa etapa. Ser competente significa no defraudar a otros que buscan los buenos servicios de esa competencia. (…) Un título promete una profesionalidad competente en determinada área: sabe de eso. Quien no la tenga, engaña y defrauda a la sociedad. El uso de una competencia es ambiguo: una persona muy competente puede usar sus habilidades y profesionalidad para construir o destruir, para explotar o servir, para actuar con verdad o falsedad, para dar vida o matar. Por eso no basta formar personas competentes, sino que se requieren las otras 3 Cs para que la formación sea de calidad.

COMPASIVOS

Amar al prójimo como a ti mismo significa que no sólo reconocemos y amamos nuestra vida, sino también reconocemos y amamos la vida del otro como la propia y nos solidarizamos con su privación. Significa que somos cuidadores de los demás y corresponsables. Que tenemos sensibilidad para ver y responder a las necesidades del otro: padecemos con él, le tenemos simpatía, somos solidarios con él. En el Evangelio aprendemos que el prójimo no es sólo el pariente, el amigo y el vecino, sino también el desconocido, distinto y lejano. Hoy entendemos mejor que la humanidad es una y cercana y que aun de los lejanos hay que hacerse hermanos. (…) En la hermandad y amor nos encontramos con Dios. Por eso S. Ignacio busca y pide que podamos “en todo amar y servir”.

COMPROMETIDOS

Con la vida y con la humanidad. Comprometidos con la solución de los problemas que aquejan a la humanidad de nuestro tiempo. Esto, junto con los rasgos anteriores, se contrapone al individualismo egoísta que sólo va a lo suyo, sin importarle los males de los demás. A la compasión el compromiso le añade actuación con visión de la realidad, la comprensión de las causas de los males, la construcción de instituciones y estructuras de valor. En un mundo tan interrelacionado e interdependiente el comprometido asume lo público, como plataforma de bien común, nacional e internacional.

(…) Jesús enseña que no gana la vida quien domina y oprime, sino quien sirve. El que dona su vida, aunque parece que la pierde, la gana. Este misterio de la vida es el alma de nuestra educación que busca formar hombres y mujeres “para los demás” y “con los demás”.

Los conscientes, competentes, compasivos y comprometidos potencian su profesión con su espiritualidad y su espiritualidad se potencia con la competencia profesional y capacidad de transformar y construir un mundo más humano.