Entrevistas

La educación nos hace semejantes

Victoria Gómez, CCA Prom’02 – Directora Ejecutiva de FOBECA

 

Según datos del Banco Mundial, el gasto público de Nicaragua en educación secundaria es el más bajo de la región. Está desalentadora realidad fue lo que motivó la creación del Fondo de Becas de Ex-alumnos del Colegio Centro América – FOBECA. Se trata de una Fundación sin fines de lucro, autónoma, apartidaria, de interés social y financiada con recursos privados. FOBECA tiene como propósito premiar la excelencia académica de jóvenes de escasos recursos, proveniente de colegios públicos o subvencionados, y brindarles la oportunidad de realizar sus estudios de secundaria en uno de los mejores colegios privados del país: el Colegio Centro América.

La fundación nació en julio del 2004 como una iniciativa de un grupo de ex-alumnos empresarios exitosos. El sentido y filosofía de Fobeca bien se resume en las palabras de don Duilio Baltodano q.e.p.d. (Reporte Anual FOBECA, 2020), quien en vida fuera uno de sus principales promotores y donantes:

«A través de la educación no sólo se otorgan oportunidades de crecimiento y mejora a la niñez y juventud del país, sino también se promueve el avance de un desarrollo económico sostenible, se apoya la creación de mejores empleos y se promueve la paz social».

 

Cobertura

Las becas de FOBECA son integrales: cubren el costo de la colegiatura del Colegio Centro América más clases de computación, natación, el transporte escolar, clases sabatinas de inglés y hasta asistencia dental para todos los becarios. Es decir, que el gasto promedio por cada becario oscila entre los 260 – 300 dólares mensuales.

¿Cómo colaborar?

Para apoyar a FOBECA no hace falta más que voluntad. Los donantes pueden hacerlo vía débito automático desde tan sólo $5 dólares al mes. También existen las becas por promoción que consisten en que varios miembros de una promoción se organizan para cubrir los costos mensuales de un estudiante, por ejemplo. Los ex-alumnos también pueden donar por medio de sus empresas o servicios profesionales y quienes quieran apadrinar o amadrinar a un becario no hace falta mas que donar su tiempo y cariño.

Requisitos

Para aplicar a las becas, los postulantes  deben de llenar los siguientes requisitos:

  • Cursar 6to grado de primaria al momento de solicitar la beca
  • Provenir de una escuela pública o subvencionada
  • Demostrar excelencia académica en los últimos dos años de educación primaria; es decir, promedio de notas arriba de 90 puntos.
  • Aprobar los exámenes de admisión del Colegio Centro América

Legado

Al día de hoy,  después de 17 años, FOBECA ha otorgado becas a mas de 80 jóvenes de escasos recursos. La gran mayoría de ellos -una vez bachillerados- han tenido la posibilidad de continuar su educación universitaria tanto dentro como fuera del país, en países como China Taiwán, Canadá, Costa Rica y Guatemala. Muchos de estos ex-becarios hoy son Ingenieros, Médicos, Odontólogos, Administradores de Empresa, Abogados, Economistas, Diseñadores Gráficos, Arquitectos, etc., y varios otros están a las puertas de su graduación universitaria.

En las palabras del presidente de Fobeca, José Antonio Baltodano:

«Estamos cambiando la vida de jóvenes valiosos que no tienen los recursos suficientes para estudiar en el mismo colegio al que fuimos nosotros. Es una gran suerte que todos los que hoy somos ex-alumnos compartamos una educación que nos hace semejantes».

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Una familia CCA gracias a Fobeca

José Mariano junto a su madre Marian

Marian Maradiaga es, probablemente, una de las madres de familia de Fobeca que más involucrada ha estado en todas las áreas de la formación integral que recibió su hijo José Mariano durante sus estudios en la secundaria del Colegio Centro América. En esta entrevista, ella comparte con agradecimiento y orgullo su vivencia.  

Los costos del CCA valen cada centavo

Para nosotros fue una bendición porque recuerdo que José Mariano había ido al CCA durante un año que hubo unas competencias a nivel de colegios y él me dijo:
–Mamá, ese colegio me gusta, es bonito, es grande–.
Entonces nosotros nos dimos cuenta de la convocatoria a las becas Fobeca, investigamos por internet y le dijimos:
–Bueno, si querés aplicar hacelo porque es la  única forma de que podás entrar–.
Todos conocemos los costos del colegio, que vale cada centavo, quiero aclarar, pero no estaba en nuestras posibilidades pagar esa mensualidad.

Fue una bendición también porque él [José Mariano] se esforzó. No sólo fue el empuje que nosotros como padres tuvimos en apoyarlo y que aplicara, sino que él se esforzó. Para nosotros los becados, y para muchas personas, el Colegio Centro América es uno de los mejores colegios de este país, porque de una forma integral va educando a nuestros hijos. Lo mejor para mí es que los hace pensantes. Son muchachos que pueden dar mucho, les enseñan a desarrollar y conocer las capacidades que ni ellos sabían que tenían.

Magis es una palabra latina típica de la espiritualidad Ignaciana que significa «más». Es decir, dar el máximo en todas las acciones que realizamos. En 2019 José Mariano fue seleccionado para ir al Campamento Magis en Panamá, junto a un grupo de estudiantes destacados en temas como liderazgo, creatividad, espiritualidad, pasión, etc. 

Al bachillerarse en 2020 recibió la medalla al mérito por haber obtenido excelencia académica durante los cinco años de secundaria en el CCA.

 

“Nosotros hoy, con mucho orgullo, podemos decir que nuestro hijo fue uno de los mejores bachilleres y está completamente listo para cualquier universidad”.

Mensaje a los donantes

Una familia CCA gracias a Fobeca

Su segundo hijo, Andrés, también estudia la secundaria en el CCA, cursa 8vo grado. Aunque aplicó, no logró clasificar para las becas de Fobeca. Sin embargo, consiguieron fondos privados por fuera que posibilitan sus estudios. La experiencia del hermano mayor, cabe resaltar, fue su principal elemento motivador.

Su tercer hijo, Enmanuel, sí logró ingresar a 7mo grado al igual que José Mariano, por medio de Fobeca. Su examen de admisión ha sido de los mejores resultados obtenidos.

“Hemos tenido la dicha de tener hijos bien aplicados que les gusta el estudio, mantener buenos promedios. Esto no necesariamente es algo que los niños lo traen. Tiene mucho que ver el acompañamiento que nosotros como padres les damos. Incentivarlos a que descubran en lo que son buenos”.

Enmanuel estaba un poco temeroso de que le sucediera lo mismo que a su hermano Andrés, pero le dije:
No te podes adelantar a los hechos, tenes que intentarlo y lo vas a lograr–. Gracias a Dios quedó y se nos otorgó media beca por parte de Fobeca. Para nosotros es una gran ayuda, él está feliz con el colegio. –Y es que el colegio es bellísimo–, dice con emoción. Cuenta que el mismo Enmanuel puso en un post: –Si pude con la admisión al CCA, puedo con todo–, ríe.

Para nosotros, los que no podemos pagar la totalidad de la colegiatura, no se trata sólo de la infraestructura y la reputación del CCA.  Hay tantas referencias, y cuando ya estás adentro te das cuenta de que lo que comentan fuera se queda corto a lo que en realidad preparan a los muchachos. José Mariano era súper tímido y ahora da gusto verlo como se desenvuelve.

Enseñar con el ejemplo

A mí en lo particular –dice Marian–  me encanta participar en todo. Me encanta apoyar porque el apoyo no es sólo monetario, es de tiempo, de ideas. En mi primera experiencia con José Mariano participé en juntas directivas e hicimos muchas cosas. Considero que aunque nuestros hijos sean aplicados nosotros estamos ahí detrás porque creo que con el ejemplo es que uno logra enseñarle más a los hijos. Yo siempre les he dicho a los tres: –¿cuántos niños quisieran tener una beca como la que ustedes tienen?, y no pudieron; entonces las oportunidades hay que aprovecharlas–.

“Estamos muy agradecidos con Fobeca por habernos dado la oportunidad de que los muchachos fueran parte de ella”.

Un padrino extraordinario

¡Uy! Estamos súper agradecidos, ¡el mejor padrino del mundo! Samuel Zepeda tiene un corazón gigante. Él platicaba bastante con José Mariano, intercambiaban mensajes, llamadas. Él lo apoyó bastante, le regaló su computadora, le patrocinó cursos de alemán en la UCA. Le dio la oportunidad a mi hijo de tenerlo como pasante en su empresa Zegesa durante un mes y lo puso a hacer de todo. Aprendió sobre ventas, a hacer cotizaciones, tantas cosas que desconocía. Samuel es un hombre tan profesional y tiene un corazón de oro. Le contaba a José Mariano su historia, cómo inició su negocio. Es un visionario y un gran trabajador. Él es un buen ejemplo de padrino.

 

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Ser madrina es una invitación a servir

Sirama Juárez, comunicadora social de profesión, funge como Gerente de Circulación y Ventas del diario La Prensa. Emprendedora, es cofundadora de la empresa de Investigación de Mercados ‘SISA’. Esta ex alumna del Colegio Centro América, es madre y esposa además de una profesional exitosa. Pese a sus múltiples roles, no dudó en hacer tiempo para aceptar ser madrina de una becaria de Fobeca allá por el año 2015. En esta entrevista ella nos cuenta su experiencia como madrina de Mélida Zelaya.

¿Cómo ha sido tu experiencia como madrina de Fobeca?

Quiero comenzar agradeciendo tu aceptación a mi propuesta de darle a los becarios de Fobeca una charla sobre Inteligencia Emocional. Siempre he considerado que en los colegios de Nicaragua debería haber una clase que aborde estos temas que son tan importantes. Te quiero contar que al finalizar dicha charla una de las chicas se me acercó y me dijo: “gracias”.

Luego, recuerdo que nos tomaste una foto grupal y justo esa chica se ubicó al lado mío. Después vos me propusiste ser madrina de Fobeca y, para mi sorpresa al decirte que sí, mi ahijada resultó ser Mélida, la misma niña que se me había acercado para agradecerme. Desde entonces se produjo un profundo clic entre ella y yo. Creo que justo en ese momento empezó mi madrinazgo. Este rol me lo tomé bien a pecho. Conocí a su familia y todos ellos se hicieron parte de la mía. Ellos también me adoptaron. Yo me siento parte de la familia de Mélida así que no sólo gané una ahijada maravillosa, sino que gané el cariño de toda una familia.

Entonces, ser madrina de Fobeca implica donar parte de tu tiempo, de tu cariño, de tus ganas de servir. Pero, en recompensa uno recibe mucho más a cambio. No puedo explicarte el enorme agradecimiento que tengo por haberme propuesto ser madrina de Fobeca. Por eso este año no dudé en aceptar nuevamente el reto de un nuevo madrinazgo.

 

 

¿Mantenés aún comunicación con Mélida?

¡Sí, claro que sí! Ella ahora estudia medicina, cursa ya su segundo año en el Hospital Escuela Militar. Como en mi familia no hay médicos es una gran emoción saber que ella, mi ahijada, será mi primer pariente doctora.

El año pasado lamentablemente falleció doña Maritza -la mamá de Mélida- producto de cáncer de colon. Esta pérdida ha sido un duro golpe para todos. Sin embargo, este padecimiento de su madre fue lo que la motivó a estudiar medicina y justamente quiere especializarse en oncología.

Los 15 años de Mélida

Para los 15 años de mi querida ahijada, que celebramos el 30 de septiembre del 2017, yo solicité ayuda a mis amistades, compañeros de trabajo, etc. Todos ellos se sumaron a ser por así decirlo: “madrina del pastel”, “madrina del vestido”, “padrino de la música y el sonido”, “madrina de la decoración y de la mesa de dulces”, de esta manera fui involucrando a mi círculo en ese gesto de amor.

Estando en El Nuevo Diario conseguí que en la imprenta me regalaran la tarjeta de invitación que quedó preciosa. Es decir, impliqué a todo mi entorno y todos se sumaron a hacerle a Mélida una linda celebración.   

Ser madrina es un orgullo

Cuando Fobeca te comparte las notas académicas de tu ahijada (en mi caso), te da un gran orgullo ver sus logros. Cuando yo recibía sus calificaciones yo sentía que eran las de mi hija mayor, y ella siempre iba tan bien que me llenaba de emoción.

Yo tengo como filosofía de vida el servir. El “en todo amar y servir” que tanto nos inculcaron en el CCA. Cuando decidí ser madrina, esto fue un compromiso integral. Estas amadrinando a una familia entera, no sólo al becario. Ese intercambio de amistad, de amor, de compromiso, es recíproco. Uno cree que uno es quien va a dar amor, tiempo… pero uno termina recibiendo mucho más.

Yo nunca he sido donante monetaria de Fobeca, fui clara en ese sentido, que entonces no tenía los medios o las posibilidades, pero ser madrina o padrino es una gran forma de servir y contribuir. Recuerdo que cuando me invitaste a ser madrina, lo único que me solicitaste fue mi tiempo, y eso fue lo que di. 

«El tiempo vale muchísimo y uno debe estar dispuesto a darle tiempo a su ahijado. A servir con ese tiempo»

                                             

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«Después de la lluvia siempre hay un arcoíris»

 

Xochilt es una joven llena de dulzura, de fe y de optimismo. En el año 2015 ingresó al Colegio Centro América como becaria de Fobeca. Entonces tenía 12 años pero, pese a su corta edad, ya había tenido que hacer frente a la muerte accidental de su padre al precipitarse el helicóptero militar en las turbias aguas del lago Xolotlán.

En medio de su duelo, su mamá se enteró de las becas Fobeca y vio una oportunidad para sacar adelante a su hija.

—Los exámenes de admisión me sumaron estrés, —cuenta Xochilt. 
—Yo estaba muy nerviosa pero eran mas fuertes mis ganas de obtener esta beca porque sabía que cambiaría el rumbo de mi vida. Me esforcé mucho en prepararme.

La emoción fue inmensurable cuando se enteró que había obtenido la beca. —Fue el momento justo para dar gracias a Dios, —dice con ternura. 

¿Cómo fue el día en que tu papá falleció? ¿Cómo lo recordás?

Mi papá falleció el 20 de junio del 2013. Para mí fue muy duro. Tenía 9 años y él era mi todo, yo lo adoraba y lo continúo amando. Mi mamá estaba desesperada porque no tenía trabajo y vivíamos del ingreso que él llevaba a la casa. Yo estaba aturdida, no sabía qué hacer… En medio de toda esta tormenta mi mamá se enteró de Fobeca, y vio la oportunidad de brindarme una educación de calidad aún cuando nos habíamos quedado sin ingresos, sin posibilidad alguna de costear un colegio del nivel del CCA.

Como siempre hemos sido muy católicas mi mamá y yo, aceptamos la voluntad de Dios pues sabíamos que él no nos iba abandonar en esos momentos difíciles. Empezamos de nuevo. Vivimos un proceso de adaptación y de aceptación Cambiamos de casa, de estilo de vida. En un segundo todo se derrumbó. Sin embargo, a raíz de la muerte de mi papá nos unimos más como familia. A pesar de su deceso Dios siguió trayéndonos muchas bendiciones.

«Nos dimos cuenta que uno siempre se puede volver a levantar con la ayuda de Dios»

Yo siempre había sido buena alumna. Para mi papá mis estudios eran importantes y se llenaba de orgullo con mi desempeño académico. Por eso ahora pongo mi mayor esfuerzo en todo lo que hago, recordado cada una de sus palabras de aliento.

¿Cómo fue el día que hiciste los exámenes de admisión al CCA?

Ese día estaba llena de emociones y de nervios. Cuando vi el colegio no me imaginaba con el uniforme puesto, con amigas nuevas. Al ver los grandes salones pensé que había muchos alumnos y estaba impresionada por la belleza que miraba alrededor. Recordé cuanto escuchaba decir del CCA, que era uno de los mejores colegios, que muchos de sus bachilleres habían llegado muy lejos y supe que sería la mejor oportunidad para mí bachillerarme aquí.

El examen que más me costó fue matemáticas (ríe apenada). Fue duro ver salir llorando a varios de los que llegaron conmigo hacer los exámenes.

¿Cómo fue tu primer año en el CCA?

Me costó mucho. En mi colegio anterior no recibía una enseñanza tan rigurosa, la exigencia era menor. Me costaron todas las clases. Pero la adaptación me costó mucho menos. Tuve buenos compañeros, no sentí el rechazo de nadie. Al inicio no obtuve las mejores notas y me frustré porque antes siempre había estado en el cuadro de honor.

En todo amar y servir

En el colegio aprendemos muy buenos valores de amor y servicio a los demás. A devolver un poco de lo que hemos recibido.

«Es importante reconocer que hay personas que necesitan más que nosotros y es nuestro deber ayudarlos en lo que podamos, así como otros nos ayudan a nosotros»

¿Qué les dirías a los jóvenes que hoy están compitiendo para obtener una beca como la tuya?

Primero los quiero felicitar por su valentía. Les diría que tengan fe en Dios. Yo sé que es duro al inicio estar presionado o nervioso sin saber si van a lograr entrar. El consejo que les puedo dar, porque lo he vivido, es que nunca se rindan. Que se esfuercen. Den lo mejor de ustedes. Cuando estén frente al examen no digan “no puedo”. Sé que cada persona tiene una capacidad diferente, pero al mismo tiempo todos somos iguales. Puede que muchos no clasifiquen y se sientan mal por eso, pero lo importante es sentirnos satisfechos de nuestro esfuerzo.

Para los que logren entrar los felicito mucho. Quiero que sepan que si al inicio les cuesta no serán los únicos. A muchos nos ha costado pero hemos logrado adaptarnos y crecer.

¿Qué sentís cuando conoces a otros exalumnos, cómo te ves en el futuro?

Me siento orgullosa de haber estudiado en un colegio tan prestigioso y de ver a tantas personas exitosas allí afuera quienes han pasado por los mismos pasillos del CCA, por los que pasé yo. En el futuro quiero ser como todos aquellos que lograron triunfar en la vida y poder decir orgullosamente que vengo del CCA.

La mejor lección del dolor

El dolor cambió sobre todo mi forma de pensar. Saber que todo lo bueno tiene que terminar algún día. Creo que fue una prueba, la más dura por cómo murió mi papá, pero ese momento vino a fortalecer la unidad en la familia y personalmente me hizo crecer espiritualmente. Antes yo vivía en una burbuja color de rosa, pensaba que todo era eterno. Hoy sé que la vida tiene sus ciclos. Hay que aprender a vivir con ellos y dejar de temerle a la muerte.

 


Xochilt Jirón se bachilleró del CCA en 2019
Actualmente estudia diseño gráfico en la UPOLI

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UNA VIDA LIGADA AL COLEGIO CENTRO AMÉRICA

Padre Silvio Avilez s.j. Rector del CCA

Alumno, docente y rector
El año escolar 2021 estrenó la llegada de un nuevo rector en el colegio Centro América. Se trata del P. Silvio Avilez s.J., ex alumno y ex docente de filosofía. Aunque su nombramiento como rector se dio en el 2020, la pandemia del COVID-19 aplazó su regreso al país y, por ende, su incorporación a la rectoría del colegio. 

 

La influencia de la educación ignaciana
El Padre Silvio estudió en el CCA desde kinder (3er nivel) hasta su bachillerato en 1987. Su papá, el reconocido Dr. Álvaro Avilez Gallo q.e.p.d., también fue ex alumno del colegio Centro América de Granada. Junto al Padre Silvio, sus tres hermanos también se formaron en estas mismas aulas. No es de extrañar, pues, la enorme influencia que la educación ignaciana ejerció en su vida desde niño, tanto en el colegio como en el seno de su hogar. Por eso, un año después de su bachillerato, decide ingresar a la compañía de Jesús a iniciar su camino al sacerdocio. Finalmente, en el año 2001 se ordena sacerdote jesuita en la capilla del colegio Centro América. Veinte años después se convierte en el actual rector del colegio.

 

Evolucionar para mantener la calidad
Sereno y pausado al hablar, humilde y amigable en cada una de sus intervenciones, comenta que su principal objetivo como rector es mantener la calidad de la educación que ha caracterizado al colegio durante sus más de 100 años desde su fundación, ahora sumándole el desafío que implican las clases en línea y los cuidados a mantener en estos tiempos adversos de pandemia. Afirma que aunque los ex alumnos suelen recordar con nostalgia el CCA de sus respectivos años, el colegio debe evolucionar y así lo ha hecho, para adecuarse a los cambios y hacerle frente a los retos de la educación del siglo XXI. 

El legado histórico del CCA
Uno de los proyectos que le gustaría llevar a cabo, menciona, es construir una especie de museo del colegio que refleje su historia y rinda tributo a su legado. Un espacio donde alumnos y ex alumnos puedan recorrer las distintas épocas del CCA, recordar a los docentes y jesuitas que más les influyeron y rememorar con cariño sus tiempos de colegio. 

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Es un honor haber sido profesor del CCA

Ing. Profesor Pancho López

Es la media mañana de un sábado reciente en la calle Corral. El sol a viva luz alumbra el frontispicio de una alta casa colonial, la 119. Parados frente a la verja grita uno de los nuestros en el más típico de los igualamientos: ¡Oe Panchooo, abrinos!

La docencia ha sido su vocación no su elección

47 años trabajando en educación

Primer colegio de enseñanza: Salesiano de Granada

¿Cómo inicia en la docencia?

Giro del destino. Pancho iba a irse a México a estudiar ingeniería.

Adicionalmente, el gobierno de Honduras le había otorgado una beca para que estudiara en la escuela superior del profesorado Francisco Morazán (hoy Universidad) para mientras se gestionaba una beca en México.

Estalla una guerra entre Nic y Honduras por un pedazo de tierra Mocorón. El ministro de educación era tb canciller, los manda a llamar y les dice que deben irse porque corren peligro pero su beca será mantenida y además les pagarán el pasaje de regreso.

De vuelta en su Granada natal, un profesor que conocía su talento para las matemáticas lo recomienda para impartir clases en el Colegio Salesiano de Granada donde inicia su carrera de docente. (21 años)

¿Cómo llega al CCA?

Fue creándose fama de buen profesor de matemáticas de tal manera que comenzó a dar tutorías privadas a alumnos del CCA. Silvio Urbina (luego alcalde de Granada) y Eduardo Urbina. Ellos iban con la nota mínima 5/10 y tras un mes alcanzaron la máxima.

En aquel entonces, el jesuita que les impartía la clase de matemáticas era el P. José Vicente Aranguren y era, a la vez, rector del CCA. El padre lo manda a llamar y le propone que se encargue de las clases particulares del CCA.  Y así fue. En una tarde, impartiendo en el CCA una de estas clases Pancho nota que el P. Aranguren pasa constantemente por el pasillo. Pancho se pone nervioso creyendo que estaba haciendo algo mal. No podía estar más equivocado. El rector, al finalizar la clase lo manda llamar a su despacho y le dice: “te vi hacer el problema de geometría y a mí me toca darlo mañana, te lo confieso Pancho: no lo sé hacer”

-No se preocupe Padre. Pancho con el pecho inflado le explicó el problema al padre y éste le agradeció.

Al poco tiempo le ofrecieron la clase de matemáticas de primero y quinto año de secundaria, “yo los recibía y yo los bachilleraba”.

Un acontecimiento social

El bachillerato era un acontecimiento social en Nicaragua. Aplazado que vos tuvieras era un escándalo de la familia. La promoción del CCA era vista como un acontecimiento enorme, hasta iba la gente a verlos desfilar y no se iban hasta no haber terminado todo el evento.

El CCA de Granada

El colegio tenía una serie de sacerdotes que estaban al servicio de los muchachos y eran su familia: jugaban juntos, estudiaban juntos, les daban clases, comían juntos, etc. Había casos que cuando los chavalos internos tenían salida, éstos preferían quedarse. Eran más felices en el colegio.

Un colegio de burgueses que tenía aulas individuales de 30-35 alumnos, laboratorios de inglés, física, química, un zoológico, cine, sala de billar, lo último en tecnología entonces que era tener un radio, campos de futbol y béisbol enormes. Jugadores de la profesional eran entrenadores en el Centro América por eso el colegio fue campeón nacional en béisbol.

Entonces sobresalían los muchachos tanto en calidad educativa como en deportes. Era una cosa integral. La formación era cosa de todo el día. Un chavalo, aunque fuera externo, tenía actividades desde las 6am con la misa hasta las 6pm. Hubo una simbiosis bien grande entre los internos y externos con las pequeñas y normales rencillas propias de esas edades. El CCA de Granada fue un colegio que no tiene parangón en Nicaragua. Aquí no volverá a haber un colegio como ese. Los que salieron de allí se deben de sentir orgullosos de haber recibido una educación integral con profesores de la talla del Padre Aldá, que le decían el calvo Aldá, fue bibliotecario del Vaticano. El Padre Ignacio Amézola, quien fue párroco de la ciudad de Asís en Italia. El Padre López que era médico, el P. Amando López (fuera de serie), el Padre Arias que era un genio de las matemáticas y una serie de maestríos como Carlos Chamorro Coronel, Fernando Cardenal, Eduardo Cuadra Barillas, el Padre Álvaro Argüello (que tenía olor a santidad), entre otros.

El profesor seglar en Granada era un transmisor de conocimiento, porque los que convivían verdaderamente con los alumnos eran los sacerdotes.  A pesar de eso, si no eras bueno no dilatabas mucho.

El rector constructor

Cuando el colegio se traslada a Managua se convierte en externado. El quinto curso recibía clases en un aula que le llamaban “el gallinero” era de madera y con alambre de gallina todo alrededor porque no cabían. Entonces el Padre Zubizarreta se encargó de construir lo que ahora es el anfiteatro (allí era el gallinero). Hizo la biblioteca, convirtió debajo del salón azul el aula de computación. Es tan valioso que a sus escasos ochenta años es ahora el rector del Colegio Loyola.

 

El CCA en Managua

El lugar que hoy ocupa el Colegio Centro América era inhóspito, no había un árbol. Pero había gente de mucha calidad entre los profesores, como el profesor Noé González, le decían “el monito”, que en el día trabajaba de profesor y por la noche era fiscal de la construcción. A él le costó todo el colegio.

Yo llego al CCA de Managua llamado por el rector P. Amando López, cariñosamente conocido como “la piocha”. Ahí me encuentro con un Colegio Centro América totalmente distinto, pero al igual que en Granda, perfectamente estructurado: un rector-director, un coordinador por cada curso, coordinadores por cada aula y un inspector encargado de la disciplina. Yo soy de los que afirmo que esa organización es inmejorable, si se escoge siempre a los profesores indicados.

A los sacerdotes siempre se les llamó Padre tal, en cambio a los seglares no siempre nos decían profesor. Yo siempre fui Pancho.

 

Político o maestro

Para la Cruzada Nacional de Alfabetización, yo soy el alcalde de Granada. A mí me agarra la revolución y me dice que les ayude. Eligen una junta de gobierno y me ponen a cargo de la alcaldía. Ni te cuento el trabajo que me costó, sin ganar ni un centavo.

El rector me llamó y me dice: “¿vas a ser político o vas a ser maestro?”

“Yo soy maestro” – le dije.

Sufrí toda clase de presiones para mantenerme en la alcaldía: la promesa de regalarme una isleta, comprar una casa a bajo costo, etc. Sin embargo yo me fui al colegio. Es un  honor ser profesor del CCA. Entonces me nombraron prefecto del colegio, el único civil creo que ha tenido ese cargo, estar al frente de la disciplina. Por aquel entonces, cae un documento proponiendo que el maestro debía ser amigo de los alumnos. Y para mí era contradictorio porque mi tarea era ser represor. Pero encontré la manera: los consejos a los alumnos, especialmente consejos de los viernes. “Acuérdense que el guaro no se acaba, si van a tomar que sea modestamente” A las muchachas les decía “miren, no anden dando pruebas de amor, usted manténgase siempre firme”. A algunos nos les gustaba, pero yo no estoy escondiendo lo que era. Así transcurrieron los años.

El CCA y la historia reciente de Nic

Un día se apareció un militar que quería que el profesor Rene Arce (alias pajarito) y yo fuéramos a entregarle la cita a los chavalos (para el servicio militar). Nos negamos rotundamente “mire, no confundamos lo gordo con lo inflamado. Esto aqui es educativo. Si usted quiere entregar esas citas espérelos, búsquelos para dárselas usted mismo”.

Fue muy doloroso para nosotros cuando cayeron nuestros muchachos. Me acuerdo de Yuri Arostegui, Álvaro Aviléz, César Amador, y a uno famoso conocido como “vaquita”.

La CNA fue la experiencia más grande como educador que yo he tenido.

Es una experiencia imborrable en tu vida el paso por los dos CCA

Tanto los becados como la entrada de las mujeres al colegio es un plan de los jesuitas. Ya no cabía un colegio externo sin la participación de la mujer. Entran en toda la primaria y en primer año de secundaria. Tenían un cuido especial las muchachas. Había una persona ahí a quien no puedo dejar afuera. El hno. Ramón Meabe, una belleza, para cuidar varones, mujeres, nunca un desmán, su oficina era libre, entraba todo el mundo y un cuido especial para las mujeres. Ese debe ser el ejemplo de los profesores de ahora.

Pq el CCA es importante para Nicaragua  

Primero por ser colegio. Cualquier institución educativa es importante para el país.

Porque hay selección alumnos, y no por clase social, sino por capacidad.

El que va al CCA tiene que ser profesional

Las familias han seguido la tradición de estudiar en el CCA.

Mejor profesor del dpto. de Granada en 1970, presentado por todos los colegios de Granada.

  • Orden Miguel Ramírez Goyena cedida por el Pte de la República
  • Primer alcalde la revolución (sin cobrar un centavo)
  • Uno de los mejores coordinadores de la CNA, la experiencia pedagógica más grande que he tenido en mi vida.

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Amar y servir con y para el corazón

M.D. Claudia Martínez Bermudez – CCA Prom ’95

Claudia Agustina Martínez pone su corazón en cada cosa que hace. Desde niña en los pasillos del Colegio Centro América, pasando por los días en los que le tocó estudiar una de las carreras más exigentes como lo es la medicina. Se especializó en Cardiología Clínica e Invasiva logrando abrirse camino y posicionarse dentro del gremio médico de los EEUU.

«Soy quien soy gracias a la educación que recibí«

Entró al Colegio Centro América a 3er grado en 1987. El colegio apenas tenía 5 años de haberle abierto las puertas de sus aulas a las mujeres. Pero ella, aplicada desde pequeña, poco a poco fue absorbiendo la educación intelectual y la formación en valores que la han llevado a ser quien es hoy: “estoy muy consciente de que soy como soy y he luchado por llegar a donde estoy gracias a esa formación que los jesuitas nos dieron, en donde se combina la pasión, la perfección, junto con la humildad y compresión para poder «discernir» las experiencias de esta vida… todas cualidades indispensables para ser un individuo exitoso y humano. Lo más importante es agradecer al CCA por la educación, la guía académica y espiritual”.

¿Cómo valoras tu experiencia en el colegio?

Mi experiencia fue muy buena, tengo muchos recuerdos lindos, la educación fue sólida y humanitaria. Sí, era muy buena alumna. Participaba en ir a los orfelinatos y recuerdo haber jugado baloncesto cuando en primaria, ya luego cuando crecí bailaba en Jazz.

¿Qué dejo el CCA en tu vida, tus valores, tu formación?

 El CCA sigue presente en mi vida, gracias a la educación que recibí soy quien soy hoy, mi profesión de cierta manera es un reflejo del principio de «DAR» a los demás, una vida de servicio que es lo que inculcan los jesuitas a quienes tanto quiero.

Hablanos del contexto en que te tocó estudiar

El contexto de los 80s y 90s fueron una experiencia única para todos aquellos que la vivimos, austeridad sin que nos faltara el pan y la educación. Fueron tiempos difíciles para nuestros padres pero crecimos pensando que esa época de inestabilidad política era «normal» por lo tanto crecimos felices sin saber, sino hasta después, lo que habíamos vivido.

¿Recordás alguna anécdota o vagancia de ese tiempo?

Muchas… una de ellas fue cuando mi hermanito Juan Ignacio se escapó del colegio, se montó en una ruta y llegó desde el CCA hasta la oficina de nuestro padre. Él tenía alrededor de 4 años… me parece increíble.

 ¿Cómo llegaste a ejercer en EEUU? Hablanos de tu formación profesional tras bachillerarte

Mucho estudio, mucho sacrificio de tiempo sin la familia. Dedicada al entrenamiento primero en México para Médico General, luego en Nueva York como Médico Internista, subsecuentemente en Miami Cardiología y finalmente Cardiología Invasiva de nuevo en NY. Finalmente terminé el entrenamiento y me regresé a Miami a ser parte de la facultad de la escuela de Medicina de la Universidad de Miami, con la intención de poder trabajar abriendo puertas y oportunidades para la salud de los Nicaragüenses. Mi esperanza es poder contribuir a mejorar la educación y el estado de salud cardiovascular de Centro América, empezando por Nicaragua.

¿Cómo es tu vida hoy? 

Es extremadamente ocupada. Me despierto y soy mamá por una hora. Luego tengo pacientes en clínica, hospital y procedimientos esperándome. Residentes y fellows que entrenar durante mi día, para luego regresar al final del día a ser mamá y esposa por un ratito y luego de haberles dado de cenar y que todos están dormidos, empezar a trabajar en los proyectos científicos que tengo que elaborar y conducir como parte de la responsabilidad académica. 

¿Conservas aún amistades del colegio?

Si. No muchas por la distancia, pero me gustaría re conectar con muchos más.

Claudia A. Martinez, M.D. FSCAI
Associate Professor of Clinical Medicine.
Cardiology and Interventional Cardiology
U-Health System
MILLER SCHOOL OF MEDICINE

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Hay que servirle a Nicaragua

Ing. Enrique Bolaños Geyer – ex presidente de Nicaragua

Mostrando con orgullo su regla de cálculo, el Ingeniero Enrique Bolaños Geyer, expresidente de la nación y exalumno del Colegio Centro América, se presenta ante el auditorio de alumnos CCA que observan el extraño dispositivo matemático y les dice:
– ¿ustedes saben qué es lo que tengo en mis manos?  Esta es la primera calculadora que yo tuve. No es electrónica ni necesita baterías, pero nunca deja de funcionar. Las experiencias mías son tan viejas como esta calculadora. Véanla. De ahí vengo. Ni parecida a las de hoy. Curioseen la mejor computadora que yo he tenido. Aprécienla con cariño y me la devuelven que de mano en mano se perdió una carreta en Masaya – bromea.

Con 88 años cumplidos a la fecha, el Ing. Bolaños recuerda que entró al internado del Colegio Centro América en 1939 con once años de edad.
Yo me bachilleré hace 70 años. No alcanza en la mente de ustedes la vida de ese momento. La luz llegaba a Masaya a las seis de la tarde y se apagaba a la medianoche. Ya salía uno del cine [mudo] directo para su casa.

Hace una mediana pausa y lanza a lo jóvenes estudiantes la siguiente pregunta retórica:
¿saben ustedes cuántos exalumnos CCA han sido presidentes?

El silencio invadió la sala mientras el expresidente recorría las caras de los alumnos sentados de un extremo al otro. – Sólo yo, responde finalmente. Del CCA, a pesar de tantos exalumnos y de recibir una educación privilegiada de altísima calidad, a nadie más se le ha ocurrido la locura de llegar o querer llegar a la presidencia. ¿Cuántos de ustedes van a buscarla? Sírvanle a Nicaragua. Hay mucho por hacer. Ustedes son estudiantes del colegio más prestigioso, prácticamente. Llamados a apoyar y hacer mucho por este país. Ese es el mensaje que les traigo.

Influencia de la educación jesuita en su vida

Mucha. Responde sin titubear. Fui educado tanto en el CCA como en la jesuita Saint Luis University (en Missouri).

Me reforzaron enormemente los principios cristianos que me inculcaron mis padres. En el internado nos levantábamos, tenías que ir a bañarte, vestirte y a las seis de la mañana en punto se iba a misa todos los días. Yo traspasé esos valores cristianos a mis hijos y ellos ahora a mis nietos.

Los jesuitas en el mundo entero tienen una gran influencia, sobre todo en educación. Manejan muy bien al alumnado y todo es basado en la moral, la decencia, en los primeros derechos humanos que nos enseñó Moisés.
El CCA destacó siempre por ser un colegio de élite de preparación académica. La base que adquirimos nosotros era sólida.

Cada uno tiene su fuerte

Yo nunca fui muy bueno en literatura (ríe). Entonces establecí una alianza con mi compañero Mario Cajina Vega, poeta q.e.p.d. Yo le enseñaba matemáticas y él me soplaba en literatura. Yo era más fuerte en ciencias que en letras.

El liderazgo es difícil de enseñar. Uno adquiere las bases, pero al final es más bien un asunto de actitudes. En el colegio teníamos deportes, equipos, olimpiadas. Ni mi tamaño (chaparro) ni mis cualidades físicas eran para ser campeón y sin embargo fui atleta del año una vez. ¿Cómo lo logré? He sido medio maquiavélico a veces porque hay que servirse y aprovechar las oportunidades. Me metí en todo lo que podía y calculé los puntos que necesitaba. Por andar de metiche en todas las actividades, aunque no era siempre el primero, pero al final en la suma obtuve el máximo puntaje.

Sobre la educación en Nicaragua

Responde categóricamente:
– La calidad es mala. En la educación, como en todo en la vida, es asunto de la base. Un edificio sobre arenas movedizas no tiene bases, no se sustenta bien. La base que lleva el alumno nicaragüense promedio es generalmente muy deficiente. Hay lugares en el país, excepciones, donde los alumnos salen bien. En muchos colegios públicos, sin embargo, hay profesores que quizás sólo llegaron a tercero-cuarto grado. No tienen la base sólida ni la pedagogía para poder ser buenos maestros, entonces sacan mediocres.

Segundo, yo diría que hay una base que la hemos perdido enormemente y es la que se inculca primero desde la familia: el respeto, los buenos modales. Esas palabras mágicas como gracias, buenos días, con permiso, dispensa, por favor… son valores básicos que se han venido perdiendo. ¿Qué vale usarlas y estarlas enseñando? No hace falta más presupuesto para esto. No es un requisito sine qua non. Esta educación elemental debería ser inherente a nuestra cultura nacional.

¿Qué podemos hacer?

Bueno. Gastemos bastante en enseñar a los profesores, porque si el profesor no sabe lo que va a enseñar, no se verán resultados. Hay que entrenarlo bien en pedagogía, en conocer el campo que va a enseñar, que sepa interesar al estudiantado. Ya con eso podemos enviarle alumnos para que los entrene bien. Antes había varias escuelas Normales, para la formación de los docentes. Ahora los podemos enviar a la universidad a prepararse en docencia, en su materia, etc. para que se hagan buenos profesores. Hay que comenzar por ahí. ¿Cuál es el éxito de Harvard? Es el acervo de profesores que tiene. Son famosos. Esos profesores son los que le dan la vitalidad a esa universidad.

Reforzar las ciencias

Toda la vida moderna se basa en ciencias. Si no sabemos ciencias estamos perdidos. Yo creo que eso es lo que tiene a todos los países Latinoamericanos perdidos, atrasados. Tenemos que reforzar mucho las ciencias. Esas calculadoras modernas de hoy son pura ciencia.

EL RETO

Tomen cuatro números cuatro:   4   4   4   4

Háganle todas las operaciones matemáticas que ustedes sepan de manera que la combinación de los cuatro números les dé respuestas desde 0, 1, 2, 3, 4… en orden ascendente hasta ver a qué número llegan. Ejemplo:

4 + 4 = 8 – 4 – 4 = 0

4 + 4 = 8    /   4 + 4  = 8     8/8 = 1

4/4 = 1 + 4/4 = 1 = 2

Y así sucesivamente… Yo llegué hasta el 77 y nunca pude pasar de ahí.

Anécdota: El búlico

Cuenta don Enrique que en sus tiempos de colegio había un prefecto:
Le decíamos “el búlico”. El Padre Hilario Yurramendi llegó de España en la época de Franco cuando hombres y mujeres en España iban al mar y ahí se dividía la familia: hombres por un lado y mujeres por otro. Él llegó al colegio con esas ínfulas. Un día llega la mamá de los Argüello Cardenal a buscar a sus hijos al patio y el búlico con un pito desde el segundo piso le pegaba pitazos porque cómo iba a ser posible que estuviera una mujer ahí adentro, la fue a sacar inmediatamente a la pobre señora.

Nosotros usábamos calzonetas deportivas cortas para el fútbol, así era la moda de la época. Pero él quería que fueran debajo de la rodilla. Entonces nosotros nos pusimos en huelga. Jugábamos contra la Academia Militar, La Salle, el Bautista… pero ese fin de semana nosotros dijimos: no vamos.

 El búlico llegó bien enchapado a la antigua pero poco a poco fue aprendiendo que aquí las cosas son diferentes.

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Yo soy lo que hice en el Centroamérica

El Ing. Marenco, cariñosamente conocido como Nicho, entró al Colegio Centro América en 3er grado y se bachilleró en 1963. Estudió en la modalidad de externo al ser originario de Granada. Cuenta que en aquellos años, había una diferencia entre los internos que vivían tiempo completo en las instalaciones del colegio y aquellos que, como él, iban a comer y dormir a sus casas. Sin embargo, y en sus propias palabras: “había un espíritu de cuerpo muy grande en el colegio, muy unido. Yo no recuerdo haber pasado ni en la universidad ni en ningún centro de trabajo u organización a la que haya pertenecido, que se haya creado un grupo tan cohesionado. Al día de hoy, después de 53 años de habernos bachillerado, nos reunimos todos los meses para celebrar el cumpleaños de alguno de nuestros compañeros. Siempre estamos pendientes el uno del otro”. 

Este sentimiento de pertenencia y unidad es compartido por un gran número de exalumnos de diferentes generaciones y probablemente sea un factor diferenciador de nuestro colegio en relación a otros, ¿cómo cree usted que se han logrado incrustar estos valores en los bachilleres CCA?

Ing. Dionisio Marenco CCA Prom ’63

Creo que en parte se debe a la formación jesuita  de muchísima disciplina, muchísimo rigor, orden, y eso obviamente te va creando un estado mental cuasi militar. Nosotros teníamos que estar formados en fila a determinada hora marchando para tal lado a tus clases, los horarios de recreo eran muy estrictos, si hacías alguna alteración al orden te castigaban incluso físicamente.

Creo que la calidad de los profesores es muy importante. Nosotros tuvimos profesores con un nivel como para ser catedráticos universitarios, como el padre Caballero, el padre Zubizarreta, el padre Moreno, el padre Otazo, el padre Miguel. Gente que había tenido cursos superiores en España y eran profesores de secundaria, entonces la diferencia es enorme pues teníamos docentes graduados de universidades europeas.

Yo disfrutaba mucho la clase de Literatura del padre Caballero porque en realidad era una cátedra maravillosa. Pero también me gustaba la Física que daba Zubizarreta, la Química que daba el padre Moreno, en general las ciencias exactas, las matemáticas que daba Pancho López y al final me decidí por una carrera en ingeniería. El padre Caballero me reclamó y me dijo que por qué iba a estudiar eso si era el mejor alumno en Literatura pero esa fue la elección que tomé.

Toda la formación estaba orientada hacia la excelencia. Uno debía ser excelente en todo, en todas las materias y en todas las actividades en que uno se involucrara.

Fuera de lo académico, ¿qué otras actividades eran parte integral de la formación en sus años en el CCA?

La dinámica mas fuerte era, quizás, el deporte. Había de todo: fútbol, béisbol, baloncesto y en diferentes categorías. Había unos que eran casi de primera división como el equipo de futbol que competía con el Salesiano, el Pedagógico de Diriamba. También teníamos una liga que se llamaba “La quebranta huesos” esa era de los mas charrulas. En esa jugaba yo (ríe) y era masajista del equipo de béisbol también. Para poderme meter a la liga centroamericana me disfrazaba de masajista y me iba con el equipo para El Salvador.

Todos los días había que practicar. Había entrenadores, por ejemplo Portobanco, que era el manager del equipo de Granada y era también el entrenador del equipo de béisbol del Centroamérica. Además, como los curan eran españoles y en España el fútbol es un deporte nacional, casi todos eran jugadores de primera clase. Tenían entrenamientos muy buenos.

En general, ¿cómo recuerda sus días en el colegio?

El ambiente era de «mucha jodedera”, pues, como se dice popularmente. Pero no había eso que ahora llaman bullying. Nos dábamos las bromas normales entre compañeros. Yo no siento que haya habido un ambiente opresivo por el rigor de la disciplina en el colegio pero sí teníamos que respetar las normas y los horarios. En ese sentido los internos la sentían más que nosotros. Yo como externo podía ir al lago con mi familia los fines de semana, pero los internos, teniendo el lago en frente, no podían salir de los muros del colegio porque había cantinas mas o menos cerca y era peligroso. Y sin embargo, siempre hubo sus cuantos bandidos que se escapaban.

¿Cómo se establecían las distinciones académicas entre los estudiantes?

Cuando nosotros nos bachilleramos al mejor alumno se le llamaba Primer Bachiller. Pero antes de nuestra promoción, al primer puesto por se le llamaba Emperador Romano, al segundo Emperador Cartaginés. Al tercer puesto Cónsul Romano y al cuarto Cónsul Cartaginés. No sé de dónde inventaron eso, como si los romanos eran más importantes que los cartagineses. El mejor alumno de la promoción tenía el título de Príncipe Perpetuo, pero eso se eliminó el año de nuestra promoción.

¿Cuál fue el momento que recuerda con mayor alegría?

Creo que fue cuando me bachilleré porque fue un momento muy solemne. En aquella época bachillerarse era casi como estarse doctorando. Ibas de esmoquin, subías con tu mamá a recibir el título, era una ceremonia súper solemne pues, y ser bachiller en aquel tiempo era una distinción bastante grande.

¿Cómo influyó en el resto de su vida la educación que recibió en el CCA? 

Yo soy lo que hice en el Centroamérica, después ya no aprendí nada (ríe). El Centroamérica para mí es mi formación, mi espíritu de cuerpo, lo que yo recuerdo de mis amigos. Ya en la UCA, aunque es jesuita también, me tocó estudiar en una época políticamente muy turbulenta, desde ahí participamos muy activamente en la Unión Opositora, el 22 de Enero, las carceleadas, las perseguidas, entonces no disfrutábamos el ambiente académico, estábamos más metidos en la lucha política. En cambio el colegio era como una jaula de oro que te permitía aislarte y concentrarte en tu propia formación.

¿Cuál era su apodo?

A mí me decían Tribilín porque era flaco y dundo.

Lista de APODOS

  • Victor Gabuardi: El Culeco
  • Ricardo Cerda: El dormido (porque tenía los ojos caídos)
  • José Angel Buitrago: Chichimeca
  • Eduardo Bermúdez: Pernambuco
    Hay otros apodos más vulgares que no puedo decirte (ríe a carcajadas)
    Los curas también tenían apodos:
  • P. Amando López: La piocha (tenía una gran narizota)
  • P. Moreno (profesor de Química): Hipoclorito
  • P. Pedro Miguel (profesor de Francés): quatre-vingt-dix-neuf
  • Hno. Montuenga (encargado del bar): El Pirata Montuenga (porque era medio renco)

Después de un gustazo un reglazo

Recuerdo que cuando cumplía años alguien, escondidos nos íbamos en recreo a la piscina y lo echábamos al agua con todo y ropa. Pero en esa echada al agua nos íbamos todos también. Entonces había un parlante muy grande en el frontón de la mediana desde donde nos llamaban: “remojados y remojadores a la prefectura”.
¡Ay mamita! Ya sabíamos que íbamos castigados. El castigo era que llegabas, extendías las manos y te pegaban un par de reglazos. Luego a clases todo el mundo.

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