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Hay que servirle a Nicaragua

Ing. Enrique Bolaños Geyer – ex presidente de Nicaragua

Mostrando con orgullo su regla de cálculo, el Ingeniero Enrique Bolaños Geyer, expresidente de la nación y exalumno del Colegio Centro América, se presenta ante el auditorio de alumnos CCA que observan el extraño dispositivo matemático y les dice:
– ¿ustedes saben qué es lo que tengo en mis manos?  Esta es la primera calculadora que yo tuve. No es electrónica ni necesita baterías, pero nunca deja de funcionar. Las experiencias mías son tan viejas como esta calculadora. Véanla. De ahí vengo. Ni parecida a las de hoy. Curioseen la mejor computadora que yo he tenido. Aprécienla con cariño y me la devuelven que de mano en mano se perdió una carreta en Masaya – bromea.

Con 88 años cumplidos a la fecha, el Ing. Bolaños recuerda que entró al internado del Colegio Centro América en 1939 con once años de edad.
Yo me bachilleré hace 70 años. No alcanza en la mente de ustedes la vida de ese momento. La luz llegaba a Masaya a las seis de la tarde y se apagaba a la medianoche. Ya salía uno del cine [mudo] directo para su casa.

Hace una mediana pausa y lanza a lo jóvenes estudiantes la siguiente pregunta retórica:
¿saben ustedes cuántos exalumnos CCA han sido presidentes?

El silencio invadió la sala mientras el expresidente recorría las caras de los alumnos sentados de un extremo al otro. – Sólo yo, responde finalmente. Del CCA, a pesar de tantos exalumnos y de recibir una educación privilegiada de altísima calidad, a nadie más se le ha ocurrido la locura de llegar o querer llegar a la presidencia. ¿Cuántos de ustedes van a buscarla? Sírvanle a Nicaragua. Hay mucho por hacer. Ustedes son estudiantes del colegio más prestigioso, prácticamente. Llamados a apoyar y hacer mucho por este país. Ese es el mensaje que les traigo.

Influencia de la educación jesuita en su vida

Mucha. Responde sin titubear. Fui educado tanto en el CCA como en la jesuita Saint Luis University (en Missouri).

Me reforzaron enormemente los principios cristianos que me inculcaron mis padres. En el internado nos levantábamos, tenías que ir a bañarte, vestirte y a las seis de la mañana en punto se iba a misa todos los días. Yo traspasé esos valores cristianos a mis hijos y ellos ahora a mis nietos.

Los jesuitas en el mundo entero tienen una gran influencia, sobre todo en educación. Manejan muy bien al alumnado y todo es basado en la moral, la decencia, en los primeros derechos humanos que nos enseñó Moisés.
El CCA destacó siempre por ser un colegio de élite de preparación académica. La base que adquirimos nosotros era sólida.

Cada uno tiene su fuerte

Yo nunca fui muy bueno en literatura (ríe). Entonces establecí una alianza con mi compañero Mario Cajina Vega, poeta q.e.p.d. Yo le enseñaba matemáticas y él me soplaba en literatura. Yo era más fuerte en ciencias que en letras.

El liderazgo es difícil de enseñar. Uno adquiere las bases, pero al final es más bien un asunto de actitudes. En el colegio teníamos deportes, equipos, olimpiadas. Ni mi tamaño (chaparro) ni mis cualidades físicas eran para ser campeón y sin embargo fui atleta del año una vez. ¿Cómo lo logré? He sido medio maquiavélico a veces porque hay que servirse y aprovechar las oportunidades. Me metí en todo lo que podía y calculé los puntos que necesitaba. Por andar de metiche en todas las actividades, aunque no era siempre el primero, pero al final en la suma obtuve el máximo puntaje.

Sobre la educación en Nicaragua

Responde categóricamente:
– La calidad es mala. En la educación, como en todo en la vida, es asunto de la base. Un edificio sobre arenas movedizas no tiene bases, no se sustenta bien. La base que lleva el alumno nicaragüense promedio es generalmente muy deficiente. Hay lugares en el país, excepciones, donde los alumnos salen bien. En muchos colegios públicos, sin embargo, hay profesores que quizás sólo llegaron a tercero-cuarto grado. No tienen la base sólida ni la pedagogía para poder ser buenos maestros, entonces sacan mediocres.

Segundo, yo diría que hay una base que la hemos perdido enormemente y es la que se inculca primero desde la familia: el respeto, los buenos modales. Esas palabras mágicas como gracias, buenos días, con permiso, dispensa, por favor… son valores básicos que se han venido perdiendo. ¿Qué vale usarlas y estarlas enseñando? No hace falta más presupuesto para esto. No es un requisito sine qua non. Esta educación elemental debería ser inherente a nuestra cultura nacional.

¿Qué podemos hacer?

Bueno. Gastemos bastante en enseñar a los profesores, porque si el profesor no sabe lo que va a enseñar, no se verán resultados. Hay que entrenarlo bien en pedagogía, en conocer el campo que va a enseñar, que sepa interesar al estudiantado. Ya con eso podemos enviarle alumnos para que los entrene bien. Antes había varias escuelas Normales, para la formación de los docentes. Ahora los podemos enviar a la universidad a prepararse en docencia, en su materia, etc. para que se hagan buenos profesores. Hay que comenzar por ahí. ¿Cuál es el éxito de Harvard? Es el acervo de profesores que tiene. Son famosos. Esos profesores son los que le dan la vitalidad a esa universidad.

Reforzar las ciencias

Toda la vida moderna se basa en ciencias. Si no sabemos ciencias estamos perdidos. Yo creo que eso es lo que tiene a todos los países Latinoamericanos perdidos, atrasados. Tenemos que reforzar mucho las ciencias. Esas calculadoras modernas de hoy son pura ciencia.

EL RETO

Tomen cuatro números cuatro:   4   4   4   4

Háganle todas las operaciones matemáticas que ustedes sepan de manera que la combinación de los cuatro números les dé respuestas desde 0, 1, 2, 3, 4… en orden ascendente hasta ver a qué número llegan. Ejemplo:

4 + 4 = 8 – 4 – 4 = 0

4 + 4 = 8    /   4 + 4  = 8     8/8 = 1

4/4 = 1 + 4/4 = 1 = 2

Y así sucesivamente… Yo llegué hasta el 77 y nunca pude pasar de ahí.

Anécdota: El búlico

Cuenta don Enrique que en sus tiempos de colegio había un prefecto:
Le decíamos “el búlico”. El Padre Hilario Yurramendi llegó de España en la época de Franco cuando hombres y mujeres en España iban al mar y ahí se dividía la familia: hombres por un lado y mujeres por otro. Él llegó al colegio con esas ínfulas. Un día llega la mamá de los Argüello Cardenal a buscar a sus hijos al patio y el búlico con un pito desde el segundo piso le pegaba pitazos porque cómo iba a ser posible que estuviera una mujer ahí adentro, la fue a sacar inmediatamente a la pobre señora.

Nosotros usábamos calzonetas deportivas cortas para el fútbol, así era la moda de la época. Pero él quería que fueran debajo de la rodilla. Entonces nosotros nos pusimos en huelga. Jugábamos contra la Academia Militar, La Salle, el Bautista… pero ese fin de semana nosotros dijimos: no vamos.

 El búlico llegó bien enchapado a la antigua pero poco a poco fue aprendiendo que aquí las cosas son diferentes.

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